Vox acusa a Feijóo de agitar su crisis interna en plena negociación
Carta de Garriga: «ataque brutal» desde la cúpula del PP
Vox ha acusado este jueves al PP y a su presidente, Alberto Núñez Feijóo, de estar detrás de un «ataque brutal, calumnioso y miserable» que, según el partido, se habría difundido en las últimas semanas en varios medios, en pleno pulso por los acuerdos para gobiernos autonómicos tras las elecciones. La formación sostiene que se trata de «barbaridades y mentiras» con un único origen: la dirección actual del Partido Popular.
La denuncia aparece en una carta dura dirigida a la militancia, firmada por el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, después de días de informaciones sobre movimientos de críticos internos como Iván Espinosa de los Monteros o Javier Ortega Smith, y también sobre la cuestión de los pagos a asesores. Desde el entorno crítico se ha hablado de «filtraciones interesadas» y se insiste en la celebración de un congreso.
Desde el PP, el vicesecretario de Educación e Igualdad, Jaime de los Santos, ha zanjado el choque con una frase que busca rebajar la tensión: «Dos no se pelean si uno no quiere».
Vox señala a Feijóo, Mar Sánchez y Tellado: «clan gallego»
La escalada no es nueva. Hace apenas una semana, el líder de Vox, Santiago Abascal, ya dijo que el PP «no soporta un Vox fuerte» y que estaría «más empeñado» en perjudicar a Vox que en ganar al PSOE. Este jueves, Vox sube el tono y apunta con nombres y apellidos: «El origen no es otro que la dirección actual del Partido Popular. En concreto, el señor Núñez Feijóo, su asesora, Mar Sánchez, y el secretario general de su partido, Miguel Tellado«, a quienes califica como «el clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría».
La carta también compara la situación con la etapa de Pablo Casado, al que Vox atribuye intentos previos de confrontación, aunque dice que lo hizo «de una forma más honorable», atacando «personalmente» y no «a través de corruptos y sicarios».
Al mismo tiempo, Vox abre una puerta: afirma que es «justo» reconocer que la mayoría de los «barones» del PP no habrían contribuido «al ataque mafioso» y que, pese a la distancia política, en algunos territorios se puede pactar porque comparten la percepción de amenaza que representa el Gobierno de Pedro Sánchez. «Sí, hay un PP con el que es posible llegar a acuerdos», sostiene la misiva.

El trasfondo: pactos autonómicos y presión mediática
El choque se produce en el momento más sensible: cuando PP y Vox negocian fórmulas de gobierno en comunidades autónomas. Vox interpreta que el ruido mediático sobre sus tensiones internas y sus críticos no es casual, sino parte de una estrategia para debilitar su posición en la mesa. En su lectura, el principal beneficiado sería Pedro Sánchez, al que la carta define como «el mayor corrupto y traidor» que ha ocupado el Gobierno, y advierte de que «este ataque de Feijóo y su clan» lo estaría «fortaleciendo».
La carta concluye llamando a la militancia a «salir a las calles y a las redes» para denunciar los problemas de los españoles y defender las propuestas del partido, en un mensaje de movilización y cierre de filas.
El PP evita el cuerpo a cuerpo: «no confundirse de adversario»
El PP responde evitando una guerra abierta con Vox en plena negociación territorial. Su línea, según De los Santos, es no «confundirse de adversario» y centrar el foco en Pedro Sánchez, al que acusa de «destruir las instituciones». «Si alguien no tiene claro que aquí al único que hay que sacar democráticamente de la Moncloa es Pedro Sánchez, que lo explique», remarcó. Además, defendió a sus compañeros asegurando que «no solamente son ejemplares sino excepcionales en todo».
Análisis crítico: derecha dividida, Sánchez gana oxígeno
El episodio retrata una dinámica conocida: cuando la derecha se enzarza en guerras internas, la izquierda gobierna más cómoda. Vox acusa al PP de alimentar un clima de sospecha mediática justo cuando se decide el poder autonómico; el PP intenta presentarse como el adulto en la sala y acusa a Vox de desviar el foco del objetivo común: desalojar a Sánchez. La cuestión clave no es solo quién tiene razón, sino quién paga el coste político: si la negociación se contamina con reproches y filtraciones, el resultado puede ser un bloqueo o acuerdos más frágiles.
En cualquier caso, el cruce de acusaciones deja una conclusión incómoda para el votante de centro-derecha: mientras PP y Vox compiten por el relato, el Gobierno central gana margen para resistir y dividir a sus adversarios.



