El Mundial 2026 suma un nuevo foco de tensión a pocos meses de su inicio. Funcionarios de Foxborough (Massachusetts), una de las sedes previstas del torneo, amenazan con retirar su licencia como ciudad anfitriona debido a una disputa económica superior a £5,5 millones en gastos de seguridad que el municipio asegura no puede asumir en solitario.

La crisis afecta directamente a los primeros partidos de la selección de Escocia, cuyo futuro en esta sede queda ahora en el aire, pendiente de negociaciones urgentes con la FIFA.
Un coste de seguridad inasumible para la ciudad
Según fuentes municipales, los costes derivados de dispositivos policiales, control de masas, infraestructuras temporales y prevención de incidentes superan con creces lo presupuestado inicialmente. Foxborough, una localidad de tamaño medio, advierte que no dispone de recursos suficientes para cubrir un sobrecoste de más de £5,5 millones sin respaldo externo.
La amenaza es clara:
sin financiación adicional, la ciudad podría retirarse como sede oficial del Mundial.
La FIFA, de nuevo en el centro del conflicto
El enfrentamiento vuelve a poner en el punto de mira a la FIFA, acusada por autoridades locales de trasladar el peso económico a las administraciones anfitrionas, mientras el organismo internacional acumula ingresos récord por patrocinio, derechos televisivos y entradas.
Desde Foxborough se denuncia una asimetría total en el reparto de riesgos, donde los beneficios se centralizan y los costes recaen sobre contribuyentes locales.
Escocia, rehén del caos organizativo
La posible retirada de Foxborough tendría consecuencias inmediatas para Escocia, que tenía previsto disputar allí sus primeros encuentros del torneo. Un cambio de sede a estas alturas implicaría problemas logísticos, alteraciones en desplazamientos de aficionados y un nuevo golpe a la imagen del Mundial.
Para muchos analistas, este episodio evidencia una planificación deficiente en un torneo que prometía ser “el más ambicioso de la historia”, pero que empieza a mostrar grietas estructurales.
Un Mundial atrapado por su propio gigantismo
El Mundial 2026, con 48 selecciones y sedes repartidas en tres países, enfrenta una realidad incómoda:
el tamaño descomunal del evento multiplica los costes y los conflictos, especialmente en ciudades que no obtienen beneficios directos proporcionales.
Estados Unidos, con su modelo de grandes eventos altamente securitizados, ha disparado los presupuestos hasta niveles difíciles de sostener, incluso para municipios con experiencia en eventos deportivos.
Negociaciones contrarreloj
A esta hora, el futuro de Foxborough como sede pende de negociaciones de última hora con la FIFA, que deberá decidir si asume parte del coste o se arriesga a un precedente peligroso para el resto de ciudades anfitrionas.
La pregunta clave queda sobre la mesa:
¿Quién paga realmente el precio del Mundial: la FIFA o los ciudadanos de las sedes?



