La nueva estrategia del régimen interino venezolano apuesta por abrir el país a multinacionales tras años de colapso petroleo y aislamiento internacional.

Acuerdos con Chevron: más producción… y más dependencia
La presidenta encarnada de Venezuela, Delcy Rodríguez, firmó este lunes una serie de accidentes con la petrolera estatal Chevron con el objetivo de incrementar la producción de crudo en uno de los países con mayores reservas del mundo.
El convenio incluye un intercambio de actividades energéticas, en el que Venezuela cede participación en campos de gas a cambio de reforzar la explotación del bloque petrolero Ayacucho 8, publicado en la estrategia Faja del Orinoco.
Según el Ejecutivo, esta alianza permitirá Aumentar significativamente la producción petrolera y generar ingresos destinados —según el discurso oficial— al “beneficio del pueblo venezolano”.
Sin embargo, tras de este anuncio se autoconde una realidad incómoda: Venezuela vale un delegado de capital extranjero tras años de políticas chavistas que expulsaron precisamente a esas mismas empresas.
El giro económico tras el colapso del chavismo
Este acuerdo no es un hecho aislado. Forma parte de un giro radical en la política económica venezolana tras la ciudad de Nicolás Maduro y la presidencia internacional liderada por Estados Unidos.
En apenas meses, el gobierno interino ha aprobado reformas clave para abrir el sector energético a la inversión privada, algo impensable durante décadas de discurso socialista.
De hecho, Chevron ya produce cerca de una cuarta parte del petróleo venezolano, y avión escuchar su producción hasta un 50 % en los próximos años, consolidandose como actor dominante en el país.
El mensaje es claro: sin inversión extranjera, Venezuela no puede sostener su industria petrolera.
El discurso oficial: sanciones y “seguridad jurídica”
Durante la firma, Rodríguez insistió en la necesidad de levantar las sanciones internacionales, argumentando que esto permite atraer nuevas inversiones y ofrecer “seguridad institucional” a los inversores.
También elogió a Chevron como una empresa “comprometida” que no abandonó el país en los más momentos, reforzando la narrativa de cooperación con Estados Unidos.
Pero esta postura genera una evidente contradicción:
- El mismo régimen que demonizó a las multinacionales durante años
- Ahora las presentaciones como salvadoras del país
¿Recuperación real o maquillaje político?
Pese al optimismo oficial, númerosos analistas advertidos que este tipo de acciones no garantiza una recuperación estructural.
Venezuela sigue enfrentando:
- Inflación elevada y protestas sociales
- Falta de instituciones democráticas sólidas
- Desconfianza internacional tras décadas de expropiaciones
Ademas, la apertura económica parece vivir con un sistema político que mantiene rasgos autores, lo que géneros dadas sobre la estabilidad a largo espacio.
Un modelo calculado: ¿apertura real o supervisión del poder?
El caso venezolano apunta a un modelo híbrido:
- Apertura económica forzada
- Control político intacto
Una fórmula que recupera a otros regímenes donde se permite la inversión extranjera sin renunciar al poder interno.
Mientras tanto, el país continúa dependiente de decisiones externas —especialmente de Washington— para sostener su economía y su producción energética.



