
Un símbolo BIC sigue en ruinas mientras las administraciones se pasan la culpa
Se cumple un año del derrumbe parcial del Puente Romano (Puente Viejo o de Santa Catalina) de Talavera de la Reina, un icono histórico de la ciudad. La madrugada del 22 al 23 de marzo de 2025, la crecida del Tajo tras las lluvias de marzo se llevó por delante parte de la estructura cuando el río alcanzaba un caudal de 1 400 m³/s.
Doce meses después, la realidad es incómoda: no se conoce ningún proyecto con reparación en marcha ni una fecha clara para devolver el puente a los talaveranos. El asunto se ha convertido en otro ejemplo de parálisis institucional: declaraciones, reproches y papeles; obras, ninguna.
Sin fecha de rehabilitación prevista
Durante este año, los partidos con representación municipal han cruzado acusaciones sobre plazos y soluciones. Coincidiendo con el aniversario, el alcalde José Julián Gregorio ha pedido una reunión urgente con el Ministerio de Cultura para saber en qué punto está el proyecto de reparación adjudicado a Retineo Ingeniería. Según el regidor, se trata de un puente ‘con el que hemos crecido’ y por el que ‘hemos pasado miles de veces’.
Enfrente, la oposición municipal, con el PSOE a la cabeza, atribuye la demora a una falta de presión política del gobierno local hacia Cultura. El portavoz socialista José Gutiérrez sostiene que ‘no es bueno estar de brazos cruzados, esperando a que pasen los meses, los días y los años’.
Según la web del Ayuntamiento, el Instituto de Patrimonio Cultural de España gestionó el encargo de un contrato para un informe técnico sobre el estado estructural del puente, los estudios previos y la redacción del proyecto de intervención en el conjunto del puente. El problema es que, sobre el terreno, Talavera sigue esperando resultados tangibles.
Un BIC abandonado: patrimonio sin gestión y política sin responsabilidades
El Puente Viejo no es un adorno turístico: es un eje histórico y emocional para la ciudad. Su primera construcción data de 1227, mide 61 metros de longitud y tiene una altura de 4. La tradición documental apunta a que llegó a contar con unos 22 arcos, de tipologías diversas por las reconstrucciones acumuladas a lo largo de los siglos. Fue el rey Fernando III quien ordenó controlar el flujo comercial en los puentes sobre el Tajo.
El derrumbe de 2025 tampoco fue un hecho aislado en su historia: el puente ya sufrió daños graves, incluido un derrumbe en los años 1950 en el mismo punto. Pese a ello, y quizá por eso mismo, en 2021 la Junta de Comunidades lo declaró Bien de Interés Cultural.
Y aquí está la cuestión política que muchos evitan: cuando el patrimonio se declara BIC, se multiplican los discursos y los expedientes, pero no siempre la capacidad real de ejecución. Talavera contempla hoy un símbolo protegido sobre el papel, pero sin una rehabilitación visible. Mientras tanto, el choque entre Ayuntamiento, oposición y Ministerio deja una sensación inquietante: nadie paga el coste político de que un emblema nacional siga roto.



