Diplomacia a contrarreloj para blindar energía y calmar a Tebboune

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha iniciado este jueves una visita de dos días a Argelia (con paradas en Argel y Orán) con el telón de fondo de la guerra en Oriente Medio y la necesidad de asegurar el flujo energético hacia España. Es su primer viaje oficial al país norteafricano, principal proveedor de gas para nuestro país, en un intento de consolidar la normalización tras el choque diplomático abierto en 2022 por el giro de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental, al respaldar el plan de autonomía de Marruecos.
La visita llega, además, cuando Argelia mueve ficha en el tablero energético: el Gobierno argelino ha anunciado la creación de Sonalgaz-Internacional, una división para expandirse en mercados exteriores como respuesta a los cambios del mercado global por la guerra de Irán. Según el Ministerio de Energía y Energías Renovables argelino, la nueva rama impulsará la ‘apertura económica’ y desarrollará actividades fuera del país. Argelia, además, es una potencia en GNL: es el séptimo país del mundo y el primero de África en capacidad de producción, con 25,5 millones de toneladas anuales hasta finales de febrero de 2024 (informe de la Unión Internacional de Gas, IGU).
Aunque España no dependa en gran medida del suministro que pasa por el estrecho de Ormuz, el conflicto sí golpea vía volatilidad de precios en un mercado global de crudo y gas. En ese escenario, Argelia sigue siendo clave: junto con Estados Unidos, es el mayor suministrador, con 128 500 GW/h enviados en 2025 y casi un 40% del total importado.
Del ‘giro Sáhara’ a la factura: cuando la política se paga
La tensión con Argel no fue un malentendido: fue la consecuencia directa de la carta de Sánchez al rey marroquí Mohamed VI apoyando la tesis de Rabat sobre el Sáhara Occidental. Argelia, alineada con el Frente Polisario y con los campamentos de refugiados en Tinduf, lo calificó de inaceptable ‘ética e históricamente’, en palabras del presidente Abdelmadjid Tebboune.
La respuesta fue contundente: Argelia rompió el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación de 2002, retiró a su embajador en Madrid durante 19 meses (hasta finales de 2023) y congeló domiciliaciones bancarias vinculadas a operaciones con España. El golpe comercial se notó: las exportaciones a España cayeron un 45,9% en 2022. Eso sí, el gas apenas se alteró y desde 2023 ganó peso con el incremento del GNL.
En paralelo, el tablero de infraestructuras también refleja la rivalidad regional: Argelia cerró a finales de 2021 el paso por el gasoducto Magreb-Europa, que atraviesa Marruecos, mientras el Medgaz (directo a Almería) sigue operando. España también recibe GNL en barcos a sus plantas de regasificación.
Italia aprieta: Meloni también viaja y compite por el gas
La carrera por el gas argelino no es solo española. Italia ha reforzado su posición tras la guerra de Ucrania con acuerdos entre Sonatrach y ENI. España e Italia compiten por convertirse en la gran puerta de entrada del gas argelino hacia Europa.
Casi a la vez que Albares, la primera ministra Giorgia Meloni viajó este miércoles a Argelia. Fuentes italianas citadas por EFE sostienen que el viaje estaba previsto antes del conflicto, pero la inestabilidad en Oriente Medio ha añadido presión, especialmente tras los ataques iraníes a la refinería de Ras Laffan en Qatar, proveedor clave para Italia. Además de hidrocarburos, ambos países participan en proyectos como el corredor SurH2 para transportar hidrógeno desde el norte de África a Europa, dentro del Plan Mattei, donde Argelia es prioritaria.
La agenda italiana también incluye migración y seguridad: coordinación antiterrorista, formación policial, combate al tráfico de personas y gestión de flujos clandestinos. Un recordatorio incómodo: mientras unos hablan de ‘estabilidad’, otros negocian poder real (energía, fronteras y seguridad) en el Mediterráneo.
Normalización con letra pequeña: el Gobierno vende ‘amistad’
El viaje de Albares se inscribe en el deshielo iniciado con el regreso del embajador argelino a finales de 2023, tras una visita de Exteriores prevista en febrero de 2024 que se canceló sin explicación oficial. En 2025, el ministro del Interior argelino, Brahim Merad, visitó Madrid, y Albares se reunió con su homólogo Ahmed Attaf en varios encuentros, incluido el G20 en Johannesburgo y una reunión en Madrid el 8 de marzo sobre el Sáhara Occidental organizada por Estados Unidos.
Albares insiste en el relato institucional: Argelia es ‘socio estratégico‘ y ‘amigo de España‘, y destaca que en 2025 España ‘triplicó las exportaciones‘ frente al año anterior, el mejor dato desde 2019. También recalca que Argelia es un suministrador de gas ‘de primer orden y fiable’ y subraya los lazos culturales, como la presencia del Instituto Cervantes.
La pregunta de fondo, sin embargo, sigue en el aire: tras convertir la política exterior en un volantazo, ¿qué margen real tiene España para negociar en energía y seguridad sin volver a pagar otra factura diplomática?



