Dinamarca vota con Trump y Groenlandia en el horizonte
Elecciones anticipadas con la geopolítica marcando el ritmo
Dinamarca celebra este martes elecciones parlamentarias anticipadas bajo una presión internacional inusual para un país de su tamaño. El foco lo ha puesto Donald Trump con sus aspiraciones sobre Groenlandia, un asunto que ha terminado influyendo en el clima político interno y reforzando, según los analistas, la posición de la primera ministra Mette Frederiksen.
Cuando Frederiksen convocó los comicios, advirtió de que los próximos cuatro años serían ‘decisivos’. Ese marco de ‘crisis’ suele favorecer al poder establecido si consigue monopolizar la idea de estabilidad. En esta ocasión, el mensaje parece haber funcionado: pese a la pérdida simbólica en noviembre del Ayuntamiento de Copenhague, los sondeos sitúan a los Social Demócratas con más del 20 % de intención de voto. La fragmentación habitual, sin embargo, obligará a buscar socios.
Frederiksen, fortalecida por el choque con Washington
El director del Think Tank Europa, Lykke Friis, da por hecho que ‘el escenario más probable’ es que Frederiksen siga como primera ministra. En su lectura, las reclamaciones de Trump sobre Groenlandia han consolidado su liderazgo, presentándola como ‘una maestra en la gestión de crisis’, algo que ya habría demostrado durante la pandemia de covid-19.
La politóloga Karina Kosiara-Pedersen, de la Universidad de Copenhague, coincide en que Frederiksen llega más fuerte que en 2022, cuando su mandato estuvo marcado por la polémica del sacrificio de millones de visones por una mutación del coronavirus.
El ministro de Exteriores, árbitro del poder
En el tablero postelectoral puede ganar peso el actual ministro de Exteriores, Lars Lokke Rasmussen, ex primer ministro entre 2015 y 2019. Su partido, los Moderados, ha pasado de pelear por el umbral mínimo parlamentario a consolidarse como posible bisagra. Los expertos sostienen que Rasmussen será clave en las negociaciones, e incluso se contempla que pueda aspirar a la jefatura del Gobierno, lo que alargaría la formación de una coalición.
Según cómo quede el reparto de escaños, Frederiksen podría girar al centro-izquierda con Izquierda Verde e Izquierda Radical, o al centro-derecha con moderados y conservadores. Los debates internos incluyen el recorte de la ayuda al desarrollo del 0,7 al 0,5 % del PIB, la reforma de pensiones, un impuesto a grandes fortunas y medidas contra la inmigración.

La paradoja: Trump no hace campaña, pero lo condiciona todo
Aunque Trump no ha intervenido durante la campaña (a diferencia de otros procesos europeos), su figura sigue marcando el clima. Un sondeo de Gallup divulgado por la televisión pública DR indica que 6 de cada 10 daneses ven ahora a Estados Unidos como un ‘adversario’ y solo el 17 % lo considera un aliado. El dato revela una Dinamarca más cómoda alineándose con socios europeos de la OTAN y la UE que con una Casa Blanca percibida como impredecible. Incluso el Partido Popular danés, descrito como ultraderechista y tradicionalmente euroescéptico, ha dejado de hacer campaña para abandonar la Unión.
Groenlandia también vota y puede inclinar la balanza
El Folketing tiene 179 diputados: 2 corresponden a Islas Feroe y 2 a Groenlandia. Unos 40 000 groenlandeses votan también. Su peso suele ser limitado, pero en un Parlamento fragmentado cada escaño puede contar.
Los groenlandeses suelen elegir dos representantes del bloque de izquierdas, aunque Kosiara-Pedersen cree que la ‘crisis’ puede alterar el patrón y favorecer perfiles distintos. Groenlandia tiene amplia autonomía desde 1979 y desde 2008 Dinamarca cedió más competencias, aunque conserva ámbitos clave como política exterior y defensa. La independencia es legalmente posible mediante referéndum. Históricamente ha existido un apoyo amplio al secesionismo, y la sombra de Trump también ha influido: el partido independentista moderado Demokraatit ganó las elecciones locales de marzo del año pasado en un contexto ya marcado por ese interés estadounidense.
ANÁLISIS CRÍTICO
El caso danés retrata una tendencia europea: gobiernos socialdemócratas que, cuando les conviene, se envuelven en la bandera de la ‘seguridad’ y la ‘crisis’ para blindarse electoralmente, mientras posponen debates incómodos de gestión interna. Pero también expone otra realidad: la UE presume de autonomía estratégica y, sin embargo, un giro político en Washington basta para desestabilizar alianzas, encarecer decisiones y cambiar campañas enteras. Groenlandia, con su valor geoestratégico, se convierte así en termómetro del pulso entre soberanía, dependencia militar y poder real.



