Bolsonaro sale de la UCI y la Fiscalía avala arresto en casa
El Supremo decide si cambia la cárcel por domicilio
El expresidente de Brasil Jair Bolsonaro ha salido este lunes de la UCI del hospital DF Star, en Brasilia, tras una evolución estable de la neumonía que padece. Pese a la mejoría clínica, sigue ingresado y sin fecha de alta, según su médico de cabecera, Brasil Caiado.
En paralelo, la Fiscalía General se ha posicionado a favor de concederle prisión domiciliaria por motivos de salud. La decisión final la tendrá el juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes, instructor del caso.
Qué ha pasado: neumonía en prisión y debate político inmediato
Bolsonaro permanece hospitalizado desde el 13 de marzo. Fue ingresado tras sufrir una neumonía derivada de una broncoaspiración mientras dormía en su celda de la penitenciaría militar de Papuda. Desde entonces continúa con antibióticos y recibe fisioterapia respiratoria y motora.
El exmandatario, de 71 años, atribuye parte de sus problemas de salud a la puñalada de 2018. Según su familia, su situación se ha agravado desde la condena. En los últimos meses, ha sufrido crisis recurrentes de hipo, mareos y vómitos.

La Fiscalía abre la puerta a la domiciliaria
La defensa ha pedido en varias ocasiones la prisión domiciliaria por razones ‘humanitarias’, hasta ahora sin éxito. Este lunes, la Fiscalía General, a petición del Supremo, ha respaldado el cambio de régimen alegando que su estado requiere una atención constante que se prestaría mejor en un entorno familiar que en el sistema penitenciario.
En su escrito, el fiscal general Paulo Gonet sostiene que está acreditado que el estado de salud del solicitante necesita una atención continua que el entorno familiar, pero no el sistema penitenciario vigente, ha podido proporcionar.
ANÁLISIS CRÍTICO: justicia, salud y el uso político del caso
El caso vuelve a tensionar la política brasileña: por un lado, se presenta a Bolsonaro como ‘líder de ultraderecha’ y se enfatiza su condena a 27 años y 3 meses por intento de golpe de Estado; por otro, la propia Fiscalía reconoce que la cárcel no estaría garantizando las condiciones adecuadas para su atención médica. La pregunta clave ya no es solo jurídica, sino política: si el Estado admite que no puede cuidar a un preso enfermo, ¿Qué mensaje envía sobre su sistema penitenciario y sobre el tratamiento de figuras incómodas?
La decisión de Alexandre de Moraes marcará el siguiente capítulo: o bien valida la domiciliaria con el argumento sanitario, o bien mantiene el pulso con una figura que sigue polarizando Brasil y que, aun tras la condena, continúa siendo un símbolo para millones de votantes.



