miércoles, abril 15, 2026
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La trampa de la inflación: por qué los precios suben rápido y casi nunca bajan

La guerra en Oriente Próximo amenaza con un nuevo golpe inflacionario en un contexto donde los precios ya han subido mucho más que los salarios desde 2021.

Una nueva crisis amenaza con disparar los precios

Las consecuencias económicas de la guerra desencadenada por Estados Unidos e Israel contra Irán ya empiezan a sentirse en el bolsillo de los ciudadanos.

El poder adquisitivo, debilitado durante años por una inflación persistente, podría deteriorarse aún más si el conflicto en Oriente Próximo se prolonga.

El impacto ya se percibe en sectores clave:

  • combustibles
  • electricidad
  • euríbor y cuotas hipotecarias

Y los expertos advierten de que los alimentos podrían ser el siguiente sector en encarecerse.

Todo apunta a un nuevo shock inflacionario, aunque todavía es pronto para determinar si alcanzará la magnitud del que se produjo entre 2021 y 2022, cuando la inflación llegó al 10,8 % tras la invasión rusa de Ucrania.


Los precios crecen más rápido que los salarios

El problema es que esta nueva crisis llega cuando la economía aún arrastra el impacto de las anteriores.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan una tendencia preocupante:

  • Los precios subieron un 22,4 % entre enero de 2021 y enero de 2026
  • Los salarios aumentaron solo un 14,2 % entre 2021 y 2024

La consecuencia es clara: la ciudadanía pierde poder adquisitivo de forma continuada.

Cada nueva crisis añade presión sobre los hogares, que ven cómo el coste de la vida aumenta mientras sus ingresos crecen mucho más lentamente.


Por qué los precios suben… pero rara vez bajan

Uno de los rasgos más frustrantes de la inflación es que los precios suben rápidamente, pero casi nunca vuelven a bajar.

Esto se debe, en parte, a la forma en que se mide la inflación.

El Índice de Precios de Consumo (IPC) compara los precios de un mes con los del mismo mes del año anterior. Por ejemplo, si la inflación es del 2,3 %, significa que los precios son un 2,3 % más altos que hace un año.

Pero eso no implica que estén bajando, sino que suben más lentamente.

Además, el IPC es una media de casi 1 000 productos y servicios, lo que significa que algunos precios pueden mantenerse estables o incluso bajar, mientras otros continúan aumentando.

En la práctica, los productos que suben de precio raramente vuelven a su nivel anterior.


Inflación de oferta: un problema diferente

El economista Andrés Villena, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, sostiene que el fenómeno actual responde a un tipo de inflación distinto al tradicional.

“Tratamos la inflación como un exceso de demanda y consideramos que la gente tiene demasiado dinero en los bolsillos, pero ahora tenemos una inflación de oferta”.

Esto significa que el encarecimiento de los precios no se debe principalmente al consumo, sino a problemas en la producción o el suministro.

Entre los factores que impulsan este tipo de inflación destacan:

  • dependencia de energías fósiles
  • conflictos geopolíticos
  • escasez de materias primas

Los bancos centrales prefieren inflación antes que deflación

Paradójicamente, los bancos centrales no buscan que los precios bajen, sino que suban de forma moderada y estable.

La razón es que la deflación —una caída generalizada de los precios— puede provocar una fuerte caída del consumo y de la actividad económica.

Por ello, el Banco Central Europeo (BCE) considera óptima una inflación cercana al 2 % anual.

Cuando los precios se disparan, la herramienta habitual es subir los tipos de interés.

Tras la crisis inflacionaria de 2022, el BCE elevó los tipos:

  • del 0,5 % en julio de 2022
  • al 4,5 % en septiembre de 2023

El nivel más alto en dos décadas.


El coste de subir los tipos: hipotecas más caras

El problema es que las subidas de tipos afectan directamente a los hogares.

Cuando aumentan los tipos de interés:

  • suben las cuotas hipotecarias
  • se encarece el crédito
  • disminuye el consumo

Según Villena, este mecanismo reduce la demanda pero no soluciona el origen del problema cuando la inflación se debe a la escasez de oferta.

Además, advierte de que los grandes beneficiados de las subidas de tipos son los propietarios de activos financieros, que obtienen mayor rentabilidad.


La “inflación de la avaricia”

Otro concepto que cada vez aparece con más frecuencia en el debate económico es la llamada “inflación de la avaricia”, conocida en inglés como greedinflation.

Este fenómeno se produce cuando grandes empresas aprovechan el contexto inflacionario para subir precios más allá del aumento real de sus costes.

En mercados muy concentrados —como energía, banca o grandes corporaciones— las compañías pueden aumentar sus márgenes de beneficio aprovechando el clima de incertidumbre económica.

Según Villena, esto demuestra que la inflación no es solo un fenómeno monetario, sino también un fenómeno político y social que enfrenta intereses entre empresas, inversores y trabajadores.


¿Cómo combatir la inflación?

El economista defiende que las medidas fiscales pueden ser más eficaces que las monetarias para frenar los efectos de la inflación.

Entre las políticas que ya se aplicaron durante la crisis anterior destacan:

  • reducción de impuestos energéticos
  • ayudas a los hogares vulnerables
  • topes al precio del gas
  • subvenciones al transporte

Estas medidas, además de moderar los precios, reducen el impacto de la inflación en las desigualdades sociales.

En esta línea, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, confirmó recientemente que el Gobierno estudia nuevas medidas fiscales para contener el impacto del encarecimiento de la energía.


Un problema que podría repetirse en el futuro

Los expertos advierten de que las crisis inflacionarias podrían volverse más frecuentes.

Entre las causas potenciales figuran:

  • conflictos geopolíticos
  • dependencia energética
  • cambio climático
  • escasez de recursos naturales

La gran incógnita es si las economías occidentales serán capaces de adaptarse a un escenario donde las crisis se suceden y el coste de la vida continúa aumentando.

Porque la experiencia reciente deja una conclusión inquietante:

los precios suben rápido cuando llega una crisis, pero casi nunca vuelven al punto de partida cuando la crisis termina.

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