
Tragedia en Adamuz: 39 muertos y nuevo shock ferroviario
El peor accidente de tren en España desde Angrois (2013)
El descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba) ha causado la muerte de al menos 39 personas y ya es el siniestro ferroviario más grave en España desde 2013, cuando un Alvia que conectaba Madrid con Ferrol se salió de la vía en Angrois, cerca de Santiago de Compostela, por exceso de velocidad. En aquella tragedia murieron 80 personas y otras 145 resultaron heridas.
Desde entonces, España ha registrado accidentes ferroviarios de menor gravedad. El más relevante hasta ahora fue el descarrilamiento de O Porriño (Pontevedra), protagonizado por un tren de Comboios de Portugal que cubría la línea Vigo-Oporto, con 4 fallecidos.
Un historial que vuelve a poner en cuestión la seguridad real
Los datos recopilados por Efe sobre accidentes mortales en lo que va de siglo describen 12 tragedias con un total de 188 fallecidos. De ellas, 4 fueron por arrollamientos a vehículos o personas, 2 colisiones frontales y 5 descarrilamientos. La sucesión de episodios —con límites ignorados, fallos humanos o infraestructuras que no perdonan— reabre el debate sobre si la prioridad política ha sido la foto de la alta velocidad y el relato de modernidad, más que una cultura de seguridad que anticipe el error y lo contenga.
Accidentes mortales en España en lo que va de siglo (según Efe)
3 de enero de 2001: 12 muertos en Lorca (Murcia) al arrollar un tren una furgoneta en un paso a nivel.
3 de junio de 2003: 19 muertos y 38 heridos en Chinchilla (Albacete) por colisión frontal entre un Talgo y un mercancías en vía única.
9 de marzo de 2004: 6 muertos y 3 heridos graves en Martín de Yeltes (Salamanca) al ser arrollado un vehículo en un paso a nivel sin barrera.
7 de mayo de 2004: 5 muertos cerca de la estación de Hellín (Albacete) tras arrollamiento de un vehículo.
21 de agosto de 2006: 7 muertos y 36 heridos al descarrilar un Intercity en Villada (Palencia).
24 de junio de 2010: 12 muertos y 14 heridos en la estación de Castelldefels (Barcelona) por arrollamiento de personas.
24 de julio de 2013: 79 fallecidos y 143 heridos al descarrilar un tren de velocidad alta en Angrois (Santiago).
9 de septiembre de 2016: 4 muertos en O Porriño (Pontevedra). El convoy iba a 118 km/h en una vía limitada a 30 km/h.
20 de noviembre de 2018: 1 muerto y más de 40 heridos leves al descarrilar un cercanías en Vacarisses (Barcelona).
8 de febrero de 2019: colisión frontal en Castellgalí (Barcelona) con 1 fallecida (maquinista de 26 años) y cerca de 100 heridos (3 graves).
2 de junio de 2020: 2 muertos en La Hiniesta (Zamora) tras arrollamiento de un todoterreno y posterior descarrilamiento de un Alvia.
16 de mayo de 2022: muere el maquinista de un tren de FGC en Sant Boi de Llobregat (Barcelona) tras choque entre mercancías y pasajeros; 86 heridos (mayoría leves).
ANÁLISIS CRÍTICO: modernidad de escaparate vs. responsabilidad
La tragedia de Adamuz golpea donde más duele: la confianza. Tras Angrois, España prometió lecciones aprendidas, pero la lista evidencia un patrón: cuando el sistema falla —por velocidad, señalización, pasos a nivel o coordinación— las víctimas pagan el precio. Y en un país donde la inversión y la gestión ferroviaria se convierten a menudo en munición partidista, la pregunta incómoda vuelve: ¿quién asume responsabilidades políticas cuando la prioridad ha sido vender récords, inauguraciones y propaganda, mientras la seguridad se trata como un trámite?
Los grandes siniestros del siglo XX: cifras oficiales y sombras
España arrastra precedentes dramáticos. En enero de 1944, un correo expreso chocó contra una locomotora en Torre del Bierzo (León): 79 muertos y 75 heridos según cifras oficiales, aunque se ha estimado que fueron muchos más y que el régimen franquista habría ocultado la magnitud. En 1972, el descarrilamiento del ferrobús Cádiz-Sevilla dejó 77 fallecidos. En los 80, el episodio más grave fue el de Chirivella (Valencia) el 24 de septiembre de 1980, con 27 muertos al arrollar un tren Madrid-Valencia a un autobús en un paso a nivel con barreras levantadas. Y en los 90, el peor fue el descarrilamiento del Intercity Miguel de Unamuno en Uharte-Arakil (Navarra) el 31 de marzo de 1997, con 18 muertos por exceso de velocidad en un cambio de agujas.



