sábado, febrero 7, 2026
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Davos y Trump: Europa tiembla ante el choque atlántico

El Foro de Davos arranca marcado por la tensión entre Estados Unidos y Europa ante el regreso de Donald Trump. Aranceles, OTAN, Groenlandia y Ucrania sitúan a la UE ante un choque atlántico que cuestiona su dependencia estratégica de Washington.

Davos y Trump: Europa tiembla ante el choque atlántico

El Foro vende ‘diálogo’ mientras la tensión con EE. UU. se dispara

El Foro Económico Mundial de Davos llega este enero con una imagen simbólica: 14 grados en pleno recorrido alpino hacia el cantón de los Grisones y cumbres casi sin nieve. Pero el verdadero deshielo no es climático, sino geopolítico. La edición bautizada como ‘Un espíritu de diálogo’ aterriza en un momento en el que Donald Trump ha elevado la tensión entre Estados Unidos y Europa a niveles no vistos en 80 años de arquitectura de seguridad occidental.

La organización del Foro ha confirmado que Trump acudirá con media docena de secretarios de Estado, la mayor delegación de una Administración de Washington en más de 50 años de historia del encuentro. En Davos, el presidente estadounidense se verá con líderes europeos y socios de la OTAN a los que ha amenazado con aranceles inmediatos por su participación en maniobras militares en Groenlandia, a petición del Gobierno de Dinamarca.

Europa se pregunta si puede defenderse… y de quién

Entre paneles sobre sanidad, migración, crédito y mercados emergentes, destaca una mesa con un título que delata el nervio del momento: ‘¿Puede Europa defenderse a sí misma?’. Participan el secretario general de la OTAN, Mark Rutte; el presidente polaco y aliado de Trump Carol Nawrocki; el jefe de Estado finlandés Alexander Stubb; y la presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño. La pregunta real, incómoda y políticamente explosiva es otra: ¿defenderse de quién cuando el socio histórico actúa como adversario táctico?

Foros como Davos o la Conferencia de Seguridad de Múnich llevan décadas sosteniendo el relato atlantista. Sin embargo, la Múnich de 2025 fue un anticipo brutal del giro: el vicepresidente Vance sostuvo que China o Rusia no eran el gran riesgo para Europa, sino su deterioro interno. En ese marco, lanzó un mensaje que parte a las élites europeas: el problema sería la pérdida de valores desde dentro, la inmigración como amenaza civilizatoria y la crítica a los límites a los bulos en redes o a no dar espacio a partidos como Alternativa para Alemania, formación que el entorno de Trump impulsó en campaña.

Groenlandia, Ucrania y el precio de depender de Washington

Once meses después, los líderes comunitarios intentan salir del estupor ante la amenaza de una invasión estadounidense en Groenlandia y buscan una respuesta que no rompa del todo con Washington por miedo a un escenario límite: el abandono completo de Ucrania frente a Rusia. Davos servirá para medir silencios y gestos. Entre ellos, el de Ursula Von der Leyen, muy cuestionada por su tono contemporizador ante Trump.

También intervendrán Emmanuel Macron, el canciller Merz y el canadiense Carney, que ha expresado apoyo a Dinamarca en una situación que conoce de cerca: Trump ha planteado la idea de anexionar Canadá a Estados Unidos. El tablero es claro: presión económica, mensajes de fuerza y aliados europeos mirando al suelo, intentando comprar tiempo.

Libre comercio y agenda global: lo que puede quedar tapado

En el programa oficial del Foro se escucharán voces tan distintas como el vicepresidente chino He Lifeng o el argentino Milei, pocos días después del acuerdo UE-Mercosur, presentado como la mayor zona de libre comercio del mundo. Mientras tanto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acudirá con tres ministros: Aegesen, Albares y Cuerpo.

La cita pretende hablar también de inteligencia artificial, seguridad energética y crisis climática. Pero el riesgo político es evidente: que todo quede opacado por el choque entre viejos aliados del Atlántico. Davos, que nació para ‘conversar’, puede acabar siendo el escenario donde Europa confirme algo que no quiere decir en voz alta: que su dependencia estratégica le sale cada vez más cara, y que sus dirigentes no tienen una respuesta sólida cuando Washington aprieta.

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