La Selectividad evidencia una brecha creciente entre universidades de élite y campus con baja demanda. Mientras algunas carreras exigen más de un 12 sobre 14, otras permiten entrar con un simple aprobado.

Las universidades públicas españolas ya funcionan como campus “boutique”
El sistema universitario español está viviendo una transformación silenciosa que amenaza con ampliar todavía más la brecha social y territorial. Las diferencias entre universidades públicas son ya tan extremas que estudiar la misma carrera puede requerir una nota de corte de excelencia en una ciudad y apenas un aprobado en otra.
Los datos analizados a partir de las estadísticas oficiales de acceso universitario muestran diferencias de hasta siete puntos entre campus públicos para cursar exactamente el mismo grado.
El fenómeno refleja un modelo cada vez más parecido al anglosajón: universidades consideradas de élite frente a campus periféricos con menor demanda y menor prestigio laboral.
Matemáticas: un 12 en Madrid y un 6 en Oviedo
Uno de los ejemplos más llamativos se encuentra en el grado de Matemáticas.
Mientras en universidades como:
- Universidad de Salamanca se exige un 12,67.
- Politécnica de Cataluña, un 12,64.
- Complutense de Madrid, un 12,25.
En otras universidades públicas el acceso resulta muchísimo más sencillo:
- Universidad de Baleares, con un 7,99.
- Universidad de Oviedo, con apenas un 6,09.
La diferencia evidencia que la Selectividad ya no mide únicamente conocimientos académicos, sino también capacidad de competir por plazas concentradas en determinadas ciudades consideradas más prestigiosas.
Madrid concentra la presión universitaria
La Comunidad de Madrid aparece como uno de los grandes polos de atracción universitaria del país.
La elevada demanda, la concentración de oportunidades laborales y el prestigio de algunos campus han disparado las notas de corte en numerosas titulaciones, especialmente:
- Ingeniería.
- Ciencia de Datos.
- Inteligencia Artificial.
- Matemáticas.
- Biomedicina.
Algunas carreras tecnológicas ya exigen prácticamente expedientes perfectos para acceder a universidades públicas madrileñas.
Mientras tanto, otros territorios sufren el efecto contrario: pérdida de alumnado, menor presión académica y campus con plazas vacías.
El mercado laboral marca la diferencia
El cambio no es casual. Según estudios recientes de economistas vinculados a Funcas, las diferencias salariales y de empleabilidad entre universidades públicas comienzan a ser muy relevantes.
Graduarse en determinados campus puede suponer:
- Más facilidad para encontrar empleo.
- Mejores salarios iniciales.
- Mayor acceso a grandes empresas.
- Más posibilidades de movilidad internacional.
El resultado es una jerarquización universitaria que rompe con el antiguo modelo español de acceso relativamente homogéneo.
La nueva desigualdad educativa
El problema de fondo va mucho más allá de las notas de corte. Muchos expertos alertan de que el sistema empieza a premiar cada vez más:
- El nivel económico familiar.
- El acceso a academias privadas.
- El entorno educativo del alumno.
- La capacidad de desplazarse a grandes ciudades.
Las familias con más recursos cuentan con ventajas crecientes para preparar la Selectividad, acceder a dobles grados o asumir el coste de vivir fuera de casa en ciudades como Madrid o Barcelona.
Mientras tanto, muchos estudiantes brillantes quedan fuera de las universidades más demandadas por décimas o incluso centésimas.
La Selectividad se convierte en una carrera de resistencia
La presión académica también se ha disparado entre los estudiantes de Bachillerato.
Cada vez son más frecuentes:
- Estrategias para maximizar ponderaciones.
- Elección táctica de asignaturas específicas.
- Preparación intensiva en academias privadas.
- Planes alternativos mediante FP o universidades privadas.
Muchos alumnos ya diseñan auténticas estrategias de acceso con “plan A, plan B y plan C” para no quedarse fuera del sistema universitario más competitivo.
Universidades públicas de élite y campus de segunda velocidad
España parece avanzar hacia un modelo universitario a dos velocidades:
- Campus públicos convertidos en centros de élite de acceso casi imposible.
- Universidades periféricas con menor demanda y menos reconocimiento laboral.
El riesgo, según algunos analistas, es que el ascensor social que históricamente representó la universidad pública termine debilitándose.
Porque cuando acceder a determinadas facultades depende cada vez más del código postal, del nivel económico familiar o de poder pagar una preparación privada intensiva, la meritocracia deja de ser igual para todos.



