
La inteligencia artificial entra en las granjas europeas para sustituir un método brutal y cuestionado. Un ingeniero español lidera el cambio en plena presión regulatoria de Bruselas.
De la trituradora a la inteligencia artificial
La industria avícola europea vive una transformación silenciosa pero profunda. Durante décadas, el sector ha eliminado cada año cerca de 330 millones de polluelos machos por no ser rentables: no ponen huevos y su carne no resulta competitiva.
El método era tan simple como polémico: tras el nacimiento, expertos sexadores separaban a los pollitos y los machos eran eliminados mediante trituración o asfixia con CO₂, prácticas legales en la Unión Europea pero cada vez más cuestionadas socialmente.
Ahora, la tecnología irrumpe con fuerza para cambiar este modelo.
Un español lidera la revolución tecnológica
El bioingeniero Miguel Molina Romero, cofundador de la empresa Orbem, ha desarrollado un sistema que combina resonancia magnética e inteligencia artificial para determinar el sexo del embrión antes de que el pollo nazca.
La máquina analiza entre 5 000 y 6 000 huevos por lote y puede procesar hasta 24 000 huevos por hora, generando imágenes del embrión que un algoritmo clasifica en segundos como macho, hembra o huevo no viable.
Este sistema, conocido como sexado in ovo, permite retirar los huevos masculinos en una fase temprana del desarrollo, evitando así el sacrificio posterior del animal ya nacido.
Europa legisla… y empuja a la automatización
Países como Luxemburgo, Alemania, Austria y Francia han prohibido el sacrificio de polluelos machos, obligando al sector a buscar alternativas.
Estas decisiones han acelerado la implantación de tecnologías como la de Orbem, que ya opera en varios países europeos, incluyendo también Países Bajos, Noruega y Suiza.
Sin embargo, el panorama europeo dista de ser homogéneo. Expertos denuncian que el actual sistema de prohibiciones nacionales genera distorsiones en el mercado y reclaman una legislación única a nivel de la UE.
El debate ético: ¿avance o cambio de método?
Aunque la industria presenta esta tecnología como un avance en bienestar animal, el debate sigue abierto. El propio Molina reconoce que existe controversia sobre si eliminar embriones en desarrollo puede considerarse una forma de interrupción de la vida.
Desde el sector tecnológico se defiende que, en fases tempranas, el embrión no ha desarrollado sistema nervioso, por lo que no puede percibir dolor.
Pero la cuestión de fondo sigue siendo incómoda:
¿se ha eliminado el problema o simplemente se ha trasladado a una fase menos visible del proceso?
Falta de mano de obra y presión social
Otro factor clave es la creciente dificultad para encontrar trabajadores dispuestos a realizar el sexado manual, una tarea repetitiva, exigente y cada vez más rechazada.
La automatización no solo responde a exigencias éticas o regulatorias, sino también a una realidad económica: la industria necesita reducir costes y depender menos del factor humano.
Bruselas recula en bienestar animal
Pese al impulso inicial, la Comisión Europea ha rebajado su ambición en materia de bienestar animal, en parte por la presión del sector y el contexto político tras las elecciones europeas de 2024.
Mientras tanto, países como Francia y Alemania siguen liderando las restricciones, y otros como Italia ya han anunciado futuras prohibiciones.
Más allá del pollo: el siguiente paso de la IA
La tecnología desarrollada por Orbem no se limitará al sector avícola. Sus creadores ya exploran aplicaciones en la industria alimentaria, como analizar la calidad de frutas sin abrirlas.
Un avance que evidencia cómo la inteligencia artificial está penetrando incluso en los sectores más tradicionales.
El debate, sin embargo, sigue sobre la mesa:
¿es esta innovación un verdadero avance ético o simplemente una solución tecnológica a un modelo industrial que sigue sin cuestionarse?



