El presidente colombiano rompe su estrategia de paz total con el ELN y lanza una ofensiva militar tras una llamada con Trump y el colapso de su modelo blando.

Colombia se alinea con EE. UU. tras la captura de Maduro y se distancia del chavismo
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha dado un giro radical a su política de seguridad tras una llamada con Donald Trump, y ha anunciado acciones militares conjuntas con Venezuela contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), grupo acusado de narcotráfico, alianzas con el chavismo y presencia en territorio venezolano.
El cambio de rumbo no es casual. Según expertos, se debe a dos presiones clave:
- Las exigencias de Trump, que ya logró la captura de Nicolás Maduro tras una operación directa de EE. UU.
- El fracaso interno de la estrategia “paz total”, que permitió a grupos armados fortalecerse y expandirse bajo una falsa negociación.
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La reciente captura de Maduro, acusado de narcoterrorismo, ha servido como mensaje directo a líderes regionales como Petro: o colaboran con EE. UU., o serán objetivo militar.
El ELN, que ha pasado de guerrilla marxista a cártel de droga regional, aparece en una lista secreta de grupos terroristas elaborada por el Gobierno de Trump, con posibilidad de intervención militar unilateral si no son neutralizados.
Este nuevo escenario llevó a Petro a anunciar una ofensiva militar contra el ELN, primero con declaraciones en redes sociales, y luego con la movilización de 30 000 soldados en la frontera con Venezuela.
Fracaso de la “paz total”: más coca, más muertos, más desplazados
Petro llegó al poder en 2022 prometiendo desmilitarizar el conflicto interno y alcanzar la “paz total” con grupos como el ELN. El resultado fue el aumento récord del cultivo de coca, expansión territorial de los grupos armados, y una de las peores masacres en años: 80 muertos y 50 000 desplazados en Catatumbo.
“Se ofreció un acuerdo y el ELN lo destruyó a sangre y fuego”, admitió Petro.
El viraje ahora es evidente: de negar al ejército ofensivas, a ordenar una ofensiva total en el norte de Colombia, acompañado del nuevo gobierno venezolano, que se distancia del chavismo tras la caída de Maduro.
El ELN: narco-guerrilla con tecnología militar propia
El ELN, con cerca de 6 000 combatientes, ha triplicado su tamaño desde que se refugió en Venezuela. Ha establecido alianzas con funcionarios corruptos del chavismo, construido su propio arsenal de drones y sistemas antidrones, y actúa como escudo paramilitar en la frontera colombo-venezolana.
El propio comandante del ELN, Antonio García, negó estar en Venezuela y rechazó vínculos con el narcotráfico, pese a informes y acusaciones directas desde EE. UU.
¿Mano dura o desesperación política?
El giro de Petro no solo responde a Trump. También refleja una crisis de credibilidad interna tras haber debilitado a las fuerzas armadas, suspendido operaciones clave y permitido al ELN moverse libremente durante los “diálogos de paz”.
“Realmente creían que podían sentar a estos grupos por ser de izquierdas y conocidos”, señala Elizabeth Dickinson, del International Crisis Group.
El resultado: militares confundidos, alta rotación de mandos, y un ejército mal equipado frente a grupos criminales cada vez más organizados.
¿Colombia se aleja del eje bolivariano?
La captura de Maduro ha desmoronado el bloque chavista, y Colombia podría estar entrando en una nueva fase de realineamiento geopolítico. Petro, que fue criticado por su cercanía ideológica con el chavismo, ahora adopta el lenguaje de la fuerza y busca congraciarse con EE. UU.
Mientras tanto, Washington presiona también a México para que permita operaciones conjuntas contra laboratorios de fentanilo, dejando claro que la doctrina Trump contra el narcoterrorismo es continental.



