La dirigente socialista Leire Díez compareció en la comisión del Senado que investiga el caso Koldo. Nerviosa, evasiva y llena de contradicciones, convirtió a un simple bolígrafo en protagonista involuntario de su defensa.

Una comparecencia entre nervios y gestos
La llamada “fontanera de Ferraz”, Leire Díez, compareció este lunes en la comisión del Senado sobre el caso Koldo. Su actuación dejó más dudas que certezas: respuestas evasivas, negativas continuas y una actitud desafiante frente a los senadores de la oposición.
Durante horas, Díez mostró un nerviosismo evidente, moviendo compulsivamente un bolígrafo negro al ritmo de cada pregunta incómoda. El gesto se convirtió en símbolo de una comparecencia que muchos calificaron de melodrama y de un intento desesperado de esquivar responsabilidades.
El choque con la oposición
La tensión se disparó cuando senadores del PP y Vox le recordaron su presunto papel en las maniobras de presión y encubrimiento en torno al caso Koldo.
- El senador de Vox, Ángel Pelayo Gordillo, le advirtió: “Se puede mentir, pero no se debe; luego se puede ver uno en problemas”.
- El popular Alejo Miranda de Larra fue más directo, acusándola de extorsión y poniendo en aprietos a una Díez cada vez más acorralada.
En contraste, los senadores de izquierdas intentaron ofrecerle un respiro, permitiéndole relajarse momentáneamente.
Evasivas y contradicciones
A lo largo de la sesión, Díez repitió una y otra vez que no podía responder a ciertas cuestiones porque “están judicializadas”. En ocasiones, se autodefinió como periodista de investigación, aunque admitió no haber publicado nunca una investigación real.
Sus respuestas generaron incredulidad incluso entre los asistentes, especialmente cuando afirmó tener “mucho conocimiento en energía nuclear” o cuando reaccionó exaltada ante la pregunta de si temía a alguien dentro del PSOE:
“¡¡¿¿Estamos locos??!!”
El relato oficial vs. la realidad
Mientras medios afines al Gobierno presentaron su intervención como una “comparecencia dominada con solvencia”, lo cierto es que la imagen que quedó en el Senado fue la de una dirigente desbordada por las acusaciones, recurriendo a la negación y a la pose victimista para salir del paso.
La comparecencia de Leire Díez en el Senado por el caso Koldo ha dejado en evidencia no solo su fragilidad argumental, sino también el nerviosismo del PSOE ante un escándalo que sigue creciendo. El gesto compulsivo con un simple bolígrafo se convirtió en metáfora perfecta de un partido que tiembla cada vez que la verdad asoma.



