Kyiv, Lutsk y otras ciudades sufren oleadas de drones y misiles rusos mientras Occidente sigue dividido sobre el apoyo militar
La brutalidad de la guerra en Ucrania ha entrado en una nueva fase. Lo que algunos ya califican como la “guerra de drones” se ha intensificado de forma alarmante en las últimas semanas, con ataques masivos y coordinados que no solo destruyen infraestructura estratégica, sino que también buscan minar la moral de la población civil.
Anoche, Kyiv volvió a ser blanco de una oleada de drones y misiles. La anterior fue Lutsk, en el extremo occidental. Entre medio, otras ciudades han sufrido bombardeos incesantes con centenares de drones kamikazes que incendian barrios enteros, provocan apagones, y llevan a la población al límite psicológico.
“La gente es fuerte, resiliente. Pero ahora la situación es diferente. Nos quieren romper desde dentro”, dice un habitante de Kyiv a medios locales.
Una estrategia de desgaste moral
Según analistas militares, Rusia está empleando tácticas que combinan ataques nocturnos con drones Shahed-136 de fabricación iraní, misiles hipersónicos y artillería pesada. El objetivo no es solo militar: se trata de erosionar la moral de los ucranianos y forzar al Gobierno de Zelenski a concesiones bajo presión psicológica.
“Lo que antes eran ataques selectivos, ahora son bombardeos de saturación, día tras día. No buscan solo destruir, buscan sembrar miedo”, advierte Paul Adams, corresponsal diplomático en Kyiv.
Europa y EE.UU. miran, pero no actúan con decisión
Mientras Rusia intensifica su ofensiva tecnológica y psicológica, la ayuda occidental se debate entre discursos y lentitud logística. La falta de una estrategia firme de la OTAN y las divisiones internas en Europa han debilitado la capacidad de respuesta frente a esta nueva fase de la guerra.
¿Está Occidente preparado para una guerra de desgaste prolongada? ¿O simplemente ha normalizado el horror en Ucrania?
¿Y el liderazgo español?
Mientras tanto, en España el Gobierno de Sánchez sigue sin asumir una postura clara frente al nuevo giro de la guerra. Las declaraciones de condena no bastan cuando hay barrios enteros reducidos a escombros y miles de familias ucranianas sobreviviendo bajo un cielo plagado de drones.
En una Europa que duda, Putin avanza. Y en Ucrania, cada noche se apagan más luces… y más esperanzas.



