viernes, marzo 13, 2026
InicioFarandulaCumbres borrascosas y la censura woke del erotismo

Cumbres borrascosas y la censura woke del erotismo

Cumbres borrascosas y la censura woke del erotismo

Fennell, Robbie y Elordi: mucho marketing, poca verdad

La nueva adaptación de ‘Cumbres borrascosas’, dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, ha reabierto un debate que va más allá del cine: qué pasa cuando una obra oscura, incómoda y moralmente compleja se convierte en un producto diseñado para no molestar demasiado. Simplificando, la película ha dividido al público entre quienes denuncian su falta de fidelidad al espíritu de Emily Bronte y quienes aplauden el ‘derecho’ a transformar el original en una historia de amor supuestamente tórrida y perturbadora.

El problema no es adaptar un clásico. El problema es hacerlo bajo las reglas no escritas de la cultura dominante: un puritanismo nuevo, con apariencia moderna, que castiga cualquier erotismo adulto que no venga envuelto en la etiqueta ideológica correcta.

Del erotismo adulto al puritanismo: el nuevo recorte cultural

Durante décadas, el cine occidental supo explorar el deseo con ambigüedad, riesgo y arte. Hoy, sin embargo, el erotismo está desapareciendo del mapa. Se impone un mundo sin término medio: o porno zafio o puritanismo woke que lo vigila todo, lo moraliza todo y acaba matando la libido en nombre del ‘progreso’. En este clima, uno se pregunta si películas como ‘Emmanuelle’, ‘Histoire d’O’ o ‘Nueve semanas y media’ encontrarían hoy a alguien dispuesto a rodarlas sin ser triturado por la inquisición digital.

Esta es la paradoja: para colar algo de sexualidad en pantalla hay que buscar coartadas literarias. Pero cuando la coartada manda más que el contenido, el resultado suele ser un producto pulido, aséptico y más antierótico que la castidad. El ejemplo perfecto es ‘Cincuenta sombras de Grey’: estética de catálogo, sensación de riesgo cero y un erotismo de postal que no incomoda a nadie.

Robbie y Elordi: fotogenia sin química

En la adaptación de Fennell, el reparto ofrece una imagen impecable. Elordi y Robbie derrochan fotogenia, pero la película no consigue lo esencial: química. Encerrados en una estética fría y narcisista, la cámara debe forzar destellos de morbo que quizá funcionen como clip de promoción, pero que vistos en una historia completa se vuelven repetitivos y tediosos.

De hecho, quien busque emociones fuertes se topará con una ironía incómoda: hay más tensión en un cruce de miradas clásico, como el de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en ‘Casablanca’, que en los intentos actuales por vender provocación a golpe de corsé y pose.

La pregunta de fondo: una sociedad infantilizada

Lo que deja esta película no es solo una decepción cinematográfica, sino una inquietud cultural: ¿y si la llamada libertad sexual está siendo infantilizada? ¿Y si el sexo ya no es lo bastante políticamente correcto como para aparecer de forma creíble en el arte? La censura ya no llega con tijeras oficiales: llega como presión social, algoritmos, campañas y miedo. Un sistema perfecto para domesticar la imaginación sin necesidad de prohibir nada en el BOE.

NOTICIAS RELACIONADAS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -spot_imgspot_img

MÁS POPULAR