Lula reacciona ante la escalada del petróleo mundial

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció este 12 de marzo de 2026 un paquete de medidas de emergencia para contener el precio de los combustibles, tras la fuerte subida del petróleo causada por los ataques iraníes en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.
Durante una conferencia improvisada en Brasilia, convocada fuera de la agenda oficial tras consultar con su gabinete económico y político, Lula advirtió que el precio del petróleo Brent pasó en pocos días de 77 a 114 dólares, situándose posteriormente cerca de los 100 dólares por barril.
El mandatario afirmó que su Gobierno está realizando “un enorme sacrificio económico” para evitar que el impacto del conflicto internacional golpee directamente el bolsillo de los brasileños, especialmente en un país donde el transporte de mercancías depende mayoritariamente del camión.
“Vamos a hacer todo lo posible para que la guerra no llegue al bolsillo del camionero ni al plato de frijoles del pueblo brasileño”, aseguró el presidente.
Eliminación de impuestos para contener el precio del combustible
La principal medida anunciada consiste en la suspensión inmediata de dos impuestos sobre los combustibles:
- PIS, que financia el seguro de desempleo.
- COFINS, destinado a salud y seguridad social.
Según explicó el Gobierno, la eliminación temporal de estos gravámenes busca evitar una subida inmediata del precio del diésel y la gasolina, lo que podría desencadenar un efecto dominó en toda la economía, especialmente en el precio de los alimentos y el transporte.
Para compensar la pérdida de ingresos fiscales, el Ejecutivo brasileño anunció que aumentará los impuestos a la exportación de combustibles.
El presidente firmó los decretos en el propio Palacio del Planalto, en un acto organizado a contrarreloj que evidenció la preocupación del Gobierno ante un posible estallido inflacionario.
Brasil reconoce su punto débil energético
Los ministros Fernando Haddad (Hacienda) y Rui Costa (Casa Civil) intentaron transmitir calma a la población, recordando que Brasil es uno de los mayores productores de petróleo del mundo.
El país, a través de Petrobras, figura entre los cinco mayores productores globales de crudo y dispone de reservas internacionales superiores a 350 000 millones de dólares, según datos oficiales.
Sin embargo, el Gobierno reconoció un problema estructural clave:
Brasil no produce suficiente diésel para cubrir toda la demanda de su gigantesca flota de camiones, lo que obliga a depender parcialmente de importaciones, un punto vulnerable ante crisis internacionales del petróleo.
El Gobierno amenaza a gasolineras por posibles cárteles
Otro de los focos de preocupación del Ejecutivo brasileño es la posible especulación en la distribución de combustibles.
El ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira, afirmó que el Gobierno ordenó a la Policía Federal y a la Agencia Nacional del Petróleo intensificar la fiscalización ante indicios de cárteles entre propietarios de gasolineras.
Según el ministro, en algunos estados ya se detectaron subidas coordinadas de precios, incluso sin que Petrobras haya aumentado el coste del combustible.
Silveira fue tajante:
El Gobierno actuará “de forma inflexible contra cualquier cartelización o abuso contra los consumidores”.
Una crisis energética que puede golpear la inflación global
La escalada del petróleo está vinculada a la tensión geopolítica en Oriente Medio, especialmente tras los ataques iraníes en el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente un tercio del comercio marítimo mundial de petróleo.
El encarecimiento del crudo ya está impactando en varios países. En Estados Unidos, por ejemplo, la gasolina subió alrededor del 20 % en los últimos días, según datos citados por el propio Lula.
Para Brasil, donde el transporte por carretera domina la logística nacional, una subida del diésel podría disparar la inflación y el coste de la cesta básica, afectando directamente a los hogares.
Una apuesta arriesgada para evitar una crisis social
La estrategia del Gobierno brasileño combina rebajas fiscales, presión regulatoria y control del mercado para frenar la subida de los combustibles.
Sin embargo, la decisión de eliminar impuestos que financian el desempleo y la seguridad social abre interrogantes sobre cómo compensará Brasil ese agujero fiscal si la crisis energética se prolonga.
Mientras tanto, la pregunta sigue en el aire:
¿lograrán estas medidas contener el precio del combustible o solo retrasarán una subida inevitable si el conflicto internacional continúa escalando?



