miércoles, enero 14, 2026
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China encuentra en España la solución a la ‘gran crisis’ de su economía: la clave está en la forma de consumir

China está en camino de convertirse en la mayor economía del mundo. Con un crecimiento del PIB que ronda el 5%, de mantenerse este ritmo o uno similar, es cuestión de tiempo que se produzca el esperado sorpasso a EEUU en PIB en dólares corrientes. Para ello, Pekín está siguiendo unas políticas que buscan reducir la dependencia de China del exterior, intentando estimular el consumo (generar un motor de demanda interna que funcione de forma autónoma) y lograr una suerte de ‘autarquía parcial’ en la que solo se importe lo que China no pueda producir por causas de motivo mayor (materias primas, algunos alimentos…). Aunque en Occidente parezca extraño, China está teniendo serios problemas con lo primero: no logra que sus ciudadanos consuman al nivel requerido para que este componente gane peso en el PIB desde el lado de la demanda. Los factores que explican esta curiosa ‘incapacidad’ o carencia económica son múltiples, pero lo cierto es que si Pekín quiere superar esta carencia debería tomar nota de lo que hacen los españoles y su forma de consumir.

Un reciente informe publicado por JP Morgan revela que el gran problema de China con el consumo está directamente relacionado con los servicios. Los chinos consumen muchos menos servicios (restaurantes, noches de hotel, ocio…) que los españoles o los americanos (EEUU), lo que genera esta debilidad cuasi permanente en el que suele ser el motor de crecimiento de cualquier economía desarrollada. Por el contrario, los chinos presentan un consumo relativamente normal de bienes (comida, ordenadores, ropa, lavadoras…), ¡El problema son los servicios!, según JP Morgan.

Ya de por sí, la sociedad china presenta una propensión al consumo relativamente pequeño si se compara con otras economías que se encuentran en su estadio de desarrollo (China ya es una economía avanzada o casi en términos de renta per cápita). La gran carencia, como se señalaba anteriormente, está en el consumo de servicios, que apenas tiene peso dentro del consumo total. En el caso de España, por ejemplo, ocurre lo contrario, el consumo final de los hogares representa alrededor del 56% del PIB y en ocasiones incluso más. De todo ese consumo, más del 50% se dedica a servicios, destacando el gasto en restaurantes y servicios de alojamiento (16% del gasto total), transporte o cuidado personal, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Todos estos gastos tienen un peso elevado en las economías avanzadas, aunque es cierto que en el caso de España suele ser un poco más elevado por las singularidades de nuestro sistema productivo y por unas preferencias diferentes.

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