Una moda creciente en Suecia desafía el sentido común: jóvenes y adultos se sumergen en aguas heladas en pleno invierno y aseguran que mejora su salud mental.

Mientras en el sur de Europa el invierno paraliza actividades al aire libre, en Estocolmo cada vez más personas se lanzan al agua a cero grados como parte de una tendencia que no deja de crecer. El protagonista de esta historia es Islam Aly, un joven que desde 2023 organiza baños fríos semanales e invita a desconocidos a sumarse a la experiencia.
Su lema es claro: “Nunca hace demasiado frío para un baño frío”.
De curiosidad personal a fenómeno social
Islam Aly comenzó a practicar natación invernal por pura curiosidad. Lo que empezó como un reto individual terminó convirtiéndose en un grupo con más de 300 miembros que se reúnen los domingos en distintos puntos de la capital sueca.
Uno de los escenarios habituales es Hornbergsstrand, en el barrio de Kungsholmen. También han acudido a Hellasgården, en Nacka, incluso cuando la temperatura es negativa y el cielo está cubierto.
En algunas ocasiones han llegado a ser 20 personas dentro del agua al mismo tiempo.
“Me siento como un millón de dólares”
Entre los participantes se encuentra Annika Shelley, quien asegura que la experiencia le aporta una sensación de calma que dura toda la semana. Tras salir del agua y cubrirse con una manta térmica, lo resume sin rodeos: “Me siento como un millón de dólares”.
Badreddine El Rharbi, por su parte, describe la sensación como “alfileres y agujas en el cuerpo”, aunque permanece en el agua los dos minutos recomendados.
Según Islam Aly, el tiempo óptimo es de dos a tres minutos, siempre con guantes y calzado adecuado para evitar lesiones.
¿Moda saludable o riesgo innecesario?
La práctica del baño frío no es nueva en los países nórdicos, pero en los últimos años ha experimentado un auge evidente, impulsado por redes sociales y aplicaciones que conectan a personas interesadas en actividades al aire libre.
Los defensores sostienen que ayuda a reducir el estrés, fortalecer la resiliencia mental y mejorar la circulación. Sin embargo, los expertos recuerdan que la exposición brusca a temperaturas extremas puede suponer riesgos, especialmente para personas con problemas cardiovasculares.
En un contexto donde Europa debate sobre bienestar, salud mental y estilos de vida saludables, la fiebre por el agua helada refleja una tendencia clara: la búsqueda de experiencias intensas como vía de equilibrio emocional.
Jóvenes que buscan límites
En Hornbergsstrand también debutaron varios estudiantes internacionales que admitían no tener una razón clara para lanzarse al agua helada. “¡No tengo ni idea!”, respondió uno de ellos antes de sumergirse.
Más allá de la anécdota, el fenómeno revela una generación que busca superar límites físicos y reconectar con el cuerpo en una sociedad cada vez más digitalizada y sedentaria.
En pleno invierno escandinavo, mientras el termómetro marca cero grados, el mensaje de este grupo es contundente: el frío no es un obstáculo, es el desafío.
¿Estamos ante una práctica con beneficios reales o ante una moda más impulsada por la cultura del reto permanente?



