La administración del país caribeño quedará bajo control provisional de la Casa Blanca, según anunció el propio presidente Donald Trump.

Donald Trump ha anunciado que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, será el encargado de administrar Venezuela a partir de ahora, guiando al país hacia una transición “segura y estable” tras la captura del expresidente Nicolás Maduro. La Casa Blanca coordinará la gestión junto con el Pentágono para garantizar seguridad interior y orden político.
Rubio, “hombre fuerte” de la transición venezolana
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, asume un papel sin precedentes en la política internacional: dirigir provisionalmente el gobierno de Venezuela. Así lo confirmó el presidente Donald Trump en una comparecencia ante medios este sábado por la tarde (hora española), en la que detalló parte del nuevo horizonte político tras la operación militar que terminó con la captura del líder chavista Nicolás Maduro.
Trump describió a Rubio como el responsable de la administración venezolana “hasta que podamos establecer una transición segura y ordenada hacia la democracia”.
“No podemos permitirnos que nadie tome el control de Venezuela en contra de su pueblo”, afirmó Trump durante su intervención.
Un gobierno bajo tutela estadounidense
La Casa Blanca pilotará la administración inmediata de Venezuela bajo las directrices de Marco Rubio y en estrecha coordinación con el Pentágono, según explicaron desde Washington. Esta administración conjunta tendrá como prioridades:
- Garantizar la seguridad interior
- Neutralizar cualquier respuesta armada por parte de elementos leales al régimen anterior
- Articular una transición política hacia elecciones libres
La coordinación con el Pentágono responde al temor de una posible resistencia armada por parte de estructuras del antiguo régimen, especialmente del sector militar que respondía a Maduro y de figuras como Diosdado Cabello, antiguo brazo duro de la narcodictadura.
La posición de Delcy Rodríguez
Trump aseguró además que la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez, número dos del régimen de Maduro, “se ha puesto a disposición de Estados Unidos”. Según el mandatario, Rubio mantuvo una larga conversación con Rodríguez, quien, a día de hoy, se encuentra en paradero desconocido, tras mostrarse dispuesta a colaborar con la Casa Blanca dentro del plan de transición.
Este apoyo, según Washington, será clave para facilitar la administración temporal y evitar vacíos de poder o enfrentamientos internos que puedan poner en riesgo tanto la seguridad como el proceso de reorganización estatal.
Descartada María Corina Machado
Durante la comparecencia, Trump también se refirió a María Corina Machado, líder opositora venezolana y reciente Premio Nobel de la Paz. A pesar de su trayectoria política y reconocimiento internacional, Trump indicó que no pasará a liderar el país, argumentando que “no tiene el respeto de su nación”, pese a reconocer su trabajo y determinación.
Machado, que fue impedida de participar en las elecciones en las que Maduro consolidó su poder, se mantuvo en la sombra en los últimos meses para resguardar su seguridad ante la persecución política.
Un nuevo capítulo en Venezuela
Con la administración estadounidense asumiendo funciones ejecutivas en Venezuela, se abre un capítulo sin precedentes en la historia reciente de América Latina. El país, históricamente marcado por crisis políticas internas y tensiones con potencias internacionales, se enfrenta a una reconfiguración del poder político que tendrá amplias repercusiones diplomáticas, militares y sociales en la región.
El mandato de Rubio, aunque temporal, será observado con atención por gobiernos, organizaciones internacionales y actores políticos venezolanos, tanto dentro como fuera del país.
Conclusión
La decisión de Donald Trump de poner a Marco Rubio al frente de la transición de Venezuela representa un giro dramático en los acontecimientos tras la captura de Nicolás Maduro. Esta administración provisional estadounidense, articulada con el Pentágono, busca estabilizar el país y encaminarlo hacia un proceso democrático estructurado, aunque con desafíos políticos, jurídicos y diplomáticos de gran magnitud.



