
Trump vs China: la guerra por Latinoamérica se endurece
Venezuela, petróleo y puertos: el pulso real por el ‘patio trasero’
La rivalidad entre Estados Unidos y China ha subido de nivel tras la decisión de Donald Trump de atacar Venezuela, un movimiento leído por analistas como un aviso directo a Pekín. En paralelo, China insiste en que mantendrá su cooperación con América Latina ‘incluida Venezuela’, defendiendo que los países de la región son ‘independientes y soberanos’ y pueden elegir socios.
Trump, según se recoge en el texto de origen, ha trasladado un mensaje también económico: en una reunión con petroleras aseguró que China solo podrá comprar crudo venezolano bajo control de Estados Unidos. Para el exdirector del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos, estos pasos buscan marginar la influencia china en Latinoamérica.
Qué está haciendo China (y por qué preocupa a Washington)
El interés de China no se esconde: ha publicado su hoja de ruta para América Latina en 2008 y la actualizó en 2016 y 2025. La estrategia combina comercio, inversión y financiación, con un despliegue que no necesita bases militares: contratos, préstamos, infraestructuras y control de cadenas de suministro.
La región es clave por recursos y mercado: 650 millones de habitantes y materias primas decisivas. Brasil y Argentina proveen soja; Chile y Perú, cobre; Venezuela y Brasil, energía. Y el ‘triángulo del litio’ (Argentina, Bolivia y Chile) se ha vuelto crítico para baterías y vehículos eléctricos. En 2024, el intercambio China-América Latina superó los 518 000 millones de dólares.
Latinoamérica, entre el palo y la zanahoria
China cerró 2025 con un superávit comercial de 8,51 billones de yuanes (más de un billón de euros), un 20% más interanual, con exportaciones al 6,1% e importaciones al 0,5%. Parte del empuje se explica por sus acuerdos con América Latina. Mientras tanto, aunque la relación comercial latinoamericana con EE.UU. sigue siendo más intensa y Washington exporta casi el doble que Pekín a la región, la Casa Blanca no oculta su objetivo: frenar la expansión china.
Ríos lo resume con crudeza: la ofensiva de Trump forzará a gobiernos a posicionarse. ‘Estados Unidos es el palo y China es la zanahoria’. El caso de Argentina ilustra el dilema: el gobierno de Javier Milei se alinea con Trump, pero eso no elimina la necesidad de mantener el vínculo con China.
La ‘Doctrina Donroe’: hegemonía sin complejos
Trump rescata la lógica de la Doctrina Monroe (1823) en versión siglo XXI: ya no se trata de frenar a potencias europeas, sino de contener a China (y también a Rusia) en un espacio que Washington considera estratégico. El economista Jorge Fonseca sostiene que la doctrina nunca se abandonó, y que ahora se relanza ‘en una versión descarnada’.
Desde esta óptica, la intervención en Venezuela funciona como mensaje: el director del Instituto Franklin-UAH, José Antonio Gurpegui, afirma que el destinatario principal es China y que el ataque muestra ‘lo que Estados Unidos está dispuesto a hacer para blindar la región sudamericana’. La economista Alicia García-Herrero añade que Pekín no ha reaccionado con fuerza porque ‘no es el momento de crear ruido’ si Trump se siente fuerte, pero no está dispuesta a perder sus inversiones.
Puertos, Ruta de la Seda y el siguiente objetivo
China tiene incentivos para consolidar su presencia por su Nueva Ruta de la Seda. Gurpegui menciona dos infraestructuras críticas: un puerto en Brasil y el macro puerto de Chancay (Perú). A la vez, la presión política puede crecer: vetos a empresas chinas, revisión de contratos y presión diplomática.
Fonseca advierte que Colombia también estaría en el punto de mira por su petróleo no explotado en la Amazonia y su posición geoestratégica, con el argumento del narcotráfico como posible excusa. Controlar ese eje, sostiene, facilitaría a EE.UU. influir sobre el Canal de Panamá y el corredor entre Pacífico y Atlántico.
Riesgos para China (y para una región usada como tablero)
A corto plazo, la influencia china parece sólida por sus vínculos económicos. Los riesgos son dos: el político (cambios de gobierno que revisen acuerdos o se alineen con Washington) y el económico (dependencia de materias primas y volatilidad de precios). Fonseca prevé que China podría reducir inversión en algunas infraestructuras y quizá en minería, pero que en comercio será más difícil desplazarla.
El desenlace sigue abierto. Trump tiene fecha de caducidad, pero Gurpegui subraya que una cosa es Trump y otra el trumpismo: sus métodos pueden perdurar. En palabras del proverbio citado, el mundo ‘cruzará el río tanteando las piedras’.



