Bajo el mandato de Pedro Sánchez, España termina 2025 con una presión fiscal histórica y una recaudación que pulveriza récords, mientras los ciudadanos sufren el empobrecimiento real provocado por la combinación letal de inflación y una política tributaria implacable. Ni siquiera gobiernos conservadores como el de Mariano Rajoy, con Cristóbal Montoro al frente de Hacienda, elevaron tanto la carga sobre familias y empresas como lo ha hecho el Ejecutivo socialista.

De emergencia a estructura impositiva permanente
La deriva fiscal que comenzó como respuesta puntual a crisis previas se ha transformado en una estructura permanente de expolio al contribuyente. El PSOE ha sabido aprovechar la inflación como impuesto invisible, dejando a la población atrapada entre precios disparados y una recaudación histórica que llena las arcas públicas.
Recordemos:
- Durante la crisis de 2010, Zapatero subió el IVA en un intento por sostener el gasto.
- Rajoy/Montoro, en 2012, aplicaron incrementos tributarios para evitar el rescate, con medidas que se consideraban “temporales”.
- Hoy, bajo Sánchez, esa temporalidad se ha institucionalizado y perfeccionado.
Un “atraco silencioso” con sofisticación técnica
El Gobierno actual no solo ha mantenido los niveles de carga heredados; los ha incrementado y diversificado:
- Nuevas figuras impositivas como tasas digitales (Google), Tobin, grandes fortunas y gravámenes a sectores estratégicos (banca y energéticas).
- Y, sobre todo, una negativa sistemática a deflactar el IRPF, lo que penaliza a trabajadores incluso cuando su salario sube solo para compensar la inflación.
Economistas llaman a esto la “progresividad fría”: aunque los sueldos aumentan para mantener poder adquisitivo, el Estado retiene gran parte en impuesto y cotizaciones. El resultado:
➡️ Por cada 100 € de subida salarial, hasta 57 € van al fisco.
Récord de recaudación en pleno empobrecimiento
Los datos son demoledores. La recaudación tributaria en 2024–2025 supera los 294 000 millones de euros, cifras que no se habían visto jamás. Mientras tanto:
- La cesta de la compra está cerca de un 36 % más cara que hace tres años.
- La presión fiscal se sitúa alrededor del 39 % del PIB, acercándose al promedio europeo, pero con un impacto devastador sobre clases medias, autónomos y pymes.
Además, la cuña fiscal española —la diferencia entre lo que paga el empleador y lo que recibe el empleado— está entre las más altas de la OCDE, reduciendo competitividad, ahorro y capacidad de consumo futuro.
Conclusión: más impuestos con menos prosperidad
España no adolece de falta de ingresos. El problema es un gobierno con un apetito fiscal insaciable, que ha convertido la inflación en su mejor aliado para recaudar aún más, a costa del debilitamiento económico de las familias y empresas.
El sanchismo cierra 2025 con un sello claro: más presión fiscal, más recaudación… pero menos prosperidad para el ciudadano.



