El Gobierno vuelve a prometer una cruzada contra la corrupción, pero evita tocar los pilares que la sostienen: aforamientos, puertas giratorias y testaferros
Más de una década después del anuncio del plan anticorrupción de Mariano Rajoy, Pedro Sánchez ha desempolvado el discurso de regeneración democrática para presentar su propio paquete de medidas contra la corrupción. Sin embargo, el paralelismo entre ambas iniciativas es tan llamativo como revelador: mismo guion, diferente intérprete.
En 2014, Rajoy compareció en el Congreso acorralado por los escándalos de Bárcenas, Gürtel, Púnica y Kitchen, y lanzó un plan de 70 medidas que, aunque parcialmente ejecutado, tuvo un impacto limitado. Hoy, Sánchez intenta aprovechar la fatiga ciudadana con la corrupción y la impunidad para presentar su particular cruzada. El resultado: mucho ruido, pocas nueces.
Medidas compartidas, omisiones estratégicas
Ambos planes comparten aspectos como el refuerzo de los órganos fiscalizadores, la digitalización de los procedimientos administrativos o la mejora de la transparencia en los contratos públicos. No obstante, ni Rajoy en su momento ni Sánchez ahora se atreven a tocar los grandes intocables del sistema: el fin de los aforamientos, el cierre definitivo a las puertas giratorias o una legislación real contra los testaferros.
El Gobierno actual ha querido diferenciarse enfocando el problema no tanto en los políticos corruptos como en los “corruptores”. Pero más allá del cambio de retórica, no hay una reforma penal o fiscal que disuada realmente a quienes financian tramas desde la sombra.
¿Una cortina de humo?
El anuncio de Sánchez llega en un contexto incómodo para el PSOE: con su mujer, Begoña Gómez, imputada por corrupción y tráfico de influencias, y con varias investigaciones abiertas que salpican al entorno socialista, el mensaje suena más a cortina de humo que a propósito firme.
Mientras tanto, los expertos consultados por Zero Censura coinciden: si no se aborda la arquitectura legal que permite la corrupción sistémica en España, cualquier plan seguirá siendo papel mojado.
“Hablar de lucha anticorrupción sin eliminar aforamientos es como intentar apagar un incendio con una pistola de agua”, apunta un jurista constitucionalista.
El nuevo plan anticorrupción de Sánchez vuelve a caer en los mismos errores que el de Rajoy: muchas medidas accesorias, ninguna reforma de fondo. Y mientras tanto, la clase política continúa blindada frente a la justicia y a espaldas de una ciudadanía cada vez más desencantada.



