miércoles, febrero 18, 2026
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Sánchez pide en Múnich frenar el “rearme nuclear” mientras presume de haber triplicado el gasto militar español

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, intervino por primera vez en la Conferencia de Seguridad de Múnich, convirtiéndose en el primer jefe del Ejecutivo español en hacerlo. En un foro marcado por la tensión entre Estados Unidos y la Unión Europea, Sánchez advirtió que “el rearme nuclear no es el camino a seguir”, al tiempo que defendió que España ha “triplicado su gasto” militar y pidió avanzar hacia un ejército europeo.

En Múnich, Sánchez rechaza el rearme nuclear, alerta del riesgo global y reivindica el aumento del gasto militar español, desatando debate en plena división transatlántica.


Sánchez irrumpe en la Conferencia de Múnich con un mensaje contra el rearme nuclear

Durante su intervención en la mesa dedicada a la seguridad transatlántica, Sánchez afirmó que la proliferación nuclear “no evitará conflictos” ni detendrá la amenaza que supone Vladímir Putin.
Aprovechó para citar al expresidente estadounidense Ronald Reagan: “Una guerra nuclear no se puede ganar”.

El presidente español alertó de que las potencias mundiales gastan más de 11 millones de dólares cada hora en armamento nuclear, una tendencia que, a su juicio, “está olvidando los errores del pasado”.
Según los expertos que citó, Estados Unidos invertirá 946 000 millones de dólares en su arsenal nuclear en la próxima década.

A este escenario sumó un elemento añadido: el desafío que supone la inteligencia artificial aplicada al armamento nuclear, reclamando limitar urgentemente la carrera armamentística.


El contraste: rechaza el rearme nuclear, pero presume del aumento del gasto militar español

Pese a su fuerte mensaje contra la escalada global, Sánchez se jactó de que España “ha triplicado su gasto y duplicado el número de tropas desplegadas”.
Pidió construir un ejército europeo y reiteró que España contribuirá “con lo que haga falta”.

El presidente defendió un concepto ambiguo de “rearme moral”, basado en “solidaridad y cooperación”, pero sin renunciar a reforzar el pilar europeo dentro de la OTAN.

Un discurso que genera contradicción:

  • Rechaza el rearme nuclear,
  • Pero impulsa el aumento del gasto militar,
  • Y sostiene la necesidad de un ejército europeo, un proyecto polémico dentro de la propia UE.

Un foro marcado por la tensión entre la UE y Estados Unidos

La edición de este año de la Conferencia de Múnich se desarrolla en un clima especialmente delicado. Participan 200 representantes de más de 120 países, incluyendo al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, una figura clave en la administración de Donald Trump.

Rubio trató de calmar el descontento europeo asegurando que EE. UU. “no busca separarse de Europa”, pero la falta de sintonía transatlántica está más que presente.


Desacuerdos en el panel: la réplica de Finlandia y Dinamarca

En la misma mesa participaron la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el presidente finlandés Alexander Stubb.

Ambos respondieron, de manera implícita, a la intervención de Sánchez:

  • Stubb insistió en que Finlandia entró en la OTAN para ser “proveedor de seguridad, no consumidor”.
  • Tanto él como Frederiksen reclamaron más gasto en defensa y más armas para Ucrania, afirmando: “No podemos combatir con un brazo atado a la espalda”.

Una posición mucho más alineada con el bloque atlántico que la mostrada por el presidente español.


Sánchez lamenta que EE.UU. vea a la UE como una “amenaza”

En un tono crítico hacia Washington, Sánchez aseguró que “algunas personas en Estados Unidos ven el proyecto europeo como una amenaza”, y advirtió de que ciertos actores “querrían ver una UE más fragmentada”.

Se presenta así como defensor de la unidad europea, pese a que la propia Unión atraviesa una etapa de tensiones internas y divergencias estratégicas respecto al liderazgo de EE. UU.


El objetivo final de Sánchez: ampliación de la UE y liderazgo europeo

El presidente español insistió en que Europa debe:

  • Hacer más frente a la amenaza rusa,
  • Aumentar la competitividad,
  • Integrar a Ucrania,
  • Y acometer reformas internas profundas.

Un discurso ambicioso que contrasta con la limitada capacidad de España para influir en el equilibrio militar del continente, incluso con el reciente aumento del gasto anunciado por el Ejecutivo.


Conclusión: un discurso de impacto, pero lleno de contradicciones

Sánchez dejó en Múnich un mensaje claro contra el armamento nuclear, pero su intervención presenta varias incoherencias:

  • Condena el rearme, pero presume de duplicar despliegues y triplicar gasto.
  • Pide moderación global, mientras exige más integración militar europea.
  • Llama a la unidad transatlántica, pero carga contra parte del liderazgo estadounidense.

La pregunta queda abierta:

¿Se trata de un llamamiento sincero a la paz o de un discurso diseñado para proyectar liderazgo internacional en un momento de debilidad interna?

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