
Ráfah abre a medias y Gaza desespera: miles sin tratamiento
El cruce con Egipto se reabre de forma limitada y la salud queda en el aire
La reapertura del cruce de Ráfah, anunciada por Israel tras la presión de Estados Unidos, devuelve una pizca de esperanza a miles de gazatíes atrapados en una lista de espera para salir. Entre ellos está Amal Abu Asim, poeta y novelista, diagnosticada de cáncer hace cinco meses. Tras su primera consulta, advierte que en la Franja no hay medios: necesita la llamada quimioterapia roja, pero solo ha recibido una dosis de quimioterapia blanca, descrita como paliativa hasta que se abran los pasos.
El cierre del territorio, según el relato recogido por RTVE, ha convertido enfermedades graves en una cuenta atrás. Amal lo resume así: si logra salir, quizá pueda afrontar el cáncer; si se queda, teme una muerte lenta y dolorosa por la falta de condiciones médicas mínimas.
Qué se sabe: cifras, lista de evacuaciones y una reapertura bajo control
El Ministerio de Sanidad gazatí sitúa en 20 000 las personas en lista de espera para ser evacuadas: 4 000 con cáncer, 4 500 niños con patologías y 440 casos muy críticos. Durante la guerra, el mismo ministerio calcula que solo 3 100 pacientes pudieron salir por Ráfah para tratarse fuera.
Israel comunicó que, dentro del plan de 20 puntos de Donald Trump, la reapertura será limitada y solo para paso de peatones, sujeta a un mecanismo de inspección israelí completo, según la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu. La noticia llegó tras confirmarse la recuperación del cuerpo del último rehén en Gaza, Ran Gvili; el portavoz de Hamás, Hazem Qassem, sostuvo que la entrega confirma el compromiso con los requisitos del alto el fuego.
La reapertura, celebrada en Gaza, ha irritado a ministros israelíes de extrema derecha como Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich. Del lado palestino, la exigencia es clara: no solo peatones, también mercancías y suministros médicos, bloqueados desde mayo de 2024.
La trampa del titular: abrir un paso no equivale a normalidad
La historia personal de Amal condensa el problema político: se vende la reapertura como gesto humanitario, pero el propio anuncio oficial habla de una apertura parcial y bajo inspección total. Es decir, un alivio condicionado, no una solución. Para una población con hospitales dañados y tratamientos interrumpidos, el matiz lo cambia todo.
Según OCHA, desde el alto el fuego organizaciones sanitarias establecieron 26 nuevos Puntos de Servicio de Salud y reanudaron operaciones en otros 36, elevando la funcionalidad del 33% al 40%. Aproximadamente el 70% del incremento se produjo en el norte de Gaza. Aun así, el relato sobre la falta de terapias oncológicas específicas evidencia que la capacidad real de tratamiento sigue muy por debajo de lo necesario.
Entre la propaganda internacional y el suelo: ayuda a cuentagotas
Naciones Unidas califica la situación de insostenible. La ayuda entra, según el texto, a cuentagotas y autoridades locales hablan de solo el 41% de lo acordado. Entre el 10 de octubre de 2025 y el 22 de enero de 2026, la ONU contabiliza 256 874 palés descargados en los cruces. Pero la emergencia no se desinfla: más de un millón de personas siguen necesitando refugio de emergencia de forma urgente, según estimaciones de OCHA.
En paralelo, un periodista en Gaza, Jebreel Abu Kmail, describe ‘el peor invierno’ que recuerdan: lluvia, viento e inundaciones que han dañado campamentos de desplazados en Deir al-Balah y Jan Yunis. La ONU documenta 815 000 movimientos de población desde el alto el fuego, con 678 600 intentando regresar del sur al norte.
El elefante en la habitación: Hamás, el 7 de octubre y el bloqueo previo
Mientras se acumulan cifras de muertos y heridos en la ofensiva israelí, el texto recuerda un hecho clave que muchos relatos tienden a diluir: la Franja ya sufría bloqueo por tierra, mar y aire desde 2007, antes de los atentados perpetrados por Hamás en los que fueron asesinados unos 1 200 israelíes y secuestrados otros 250. Ese contexto explica por qué cada ‘apertura’ se convierte en un acontecimiento: Gaza vive permanentemente al borde del colapso y el control de fronteras es el grifo que decide quién vive, quién se cura y quién se queda.
Trump, Davos y la ‘Nueva Gaza’: reconstrucción sin soberanía
En Davos, Jared Kushner presentó el proyecto de la ‘Nueva Gaza‘ con rascacielos y urbanizaciones, además de complejos industriales, centros de datos y nuevas zonas residenciales. Para una sanitaria de Médicos Sin Fronteras en Gaza, Amina Mohammed Al-Qara, el plan despierta desconfianza: lo define como una posible farsa para ganar dinero con la sangre del pueblo, y denuncia que el futuro se diseña ‘a nuestras espaldas’.
El contraste alimenta la polémica: mientras se promete un ‘espectáculo’ urbanístico, sobre el terreno se habla de explosivos sin detonar que tardarían hasta 14 años en retirarse y de escuelas con daños masivos: a enero de 2026, el 85% de los edificios escolares están dañados o destruidos, según el texto.
Lo que viene: segunda fase, desmilitarización y un futuro que nadie se atreve a nombrar
La reapertura de Ráfah se enmarca en el arranque de una segunda fase que prevé reconstrucción y desmilitarización total de Gaza, incluido el desarme de Hamás y otros grupos, una administración tecnócrata, el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) y la retirada progresiva de fuerzas israelíes.
Pero en Gaza, el futuro es un lujo: la prioridad inmediata es sobrevivir, curarse y salir. Y ahí, para miles de enfermos graves, la reapertura ‘a medias’ puede significar la diferencia entre tratamiento o sentencia.



