Prensa de EE.UU.: cena de gala con Trump pese a insultos
La cena de corresponsales reabre el debate: ¿periodismo o compadreo?
La cena anual de corresponsales de la Casa Blanca (WHCA) vuelve a colocar bajo los focos una contradicción difícil de disimular: periodistas que deben fiscalizar al poder compartiendo mesa, bromas y foco mediático con el Gobierno. La polémica existe desde hace décadas, pero con Donald Trump adquiere un cariz mucho más crudo: el presidente ha llamado a la prensa ‘enemigo del pueblo’, ha insultado a reporteros —especialmente mujeres—, ha vetado a medios y ha usado la vía judicial como herramienta de presión contra publicaciones que le incomodan.
Qué es la WHCA y por qué esta gala importa
La cena la organiza la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, con el objetivo de recaudar fondos para actividades sin ánimo de lucro: apoyo a profesionales, becas y premios. La asociación nació hace más de un siglo para subrayar su independencia del Gobierno y reivindicar la Primera Enmienda, pilar de la libertad de información en EE.UU.
El evento existe desde 1921 y se concibe como un espectáculo televisado cuyo ingrediente histórico era el humor: un presidente que se permite ironía (incluso autocrítica) y un humorista invitado que suele ser mordaz. De ahí momentos recordados como el papel de George W. Bush junto a Laura Bush en 2005 o la despedida de Barack Obama en 2016.

Trump, el humor y el cambio de reglas
Trump asistió como invitado en 2011, cuando Obama lo ridiculizó tras el episodio del ‘birtherismo’ (la teoría conspirativa sobre el origen de Obama). Desde entonces, el republicano ha mostrado una relación abiertamente hostil con la burla pública y la crítica satírica, y ha atacado a humoristas y formatos ‘late night’.
En su etapa como presidente, Trump boicoteó cinco ediciones en las que le correspondía presidir la gala. Este año, en un giro significativo, la organización ha prescindido del humorista y lo ha sustituido por una ‘mentalista’, algo que ya ocurrió el año pasado. El mensaje es evidente: se rebaja el riesgo de incomodar al poder en un evento que supuestamente celebra la independencia del periodismo.
La cena más incómoda: cenar con quien te llama ‘enemigo’
El núcleo del conflicto es político e institucional: ¿tiene sentido ‘celebrar’ la libertad de prensa con un presidente que, según el propio texto base, ha impulsado restricciones y represalias? Una investigación de estudiantes de la Universidad de Georgetown sostiene que ‘Trump ha destruido las reglas de información sobre la Casa Blanca’.
En la práctica, se describe un entorno en el que proliferan preguntas que funcionan como adulaciones o invitaciones a que el presidente se atribuya méritos. La razón, según el relato, es táctica: los medios tradicionales ya no tienen asegurada la prioridad para preguntar. La Casa Blanca prefiere perfiles que actúen como amplificadores del discurso oficial.
El ‘pool’, AP y la dilución del periodismo incómodo
Los periodistas acreditados para seguir al presidente en viajes y entrar al Despacho Oval forman parte del llamado pool. En esta segunda presidencia se señala un cambio de método: además de excluir a Associated Press por seguir usando Golfo de México y no Golfo de América, se habría optado por diluir la presencia de periodistas incómodos acreditando a blogueros y podcasters de derecha o extrema derecha, a quienes se daría la palabra antes, rompiendo la tradición de priorizar la veteranía.
El resultado, tal y como se plantea, es menos presión en directo: menos preguntas duras y, sobre todo, menos preguntas duras al inicio de las retransmisiones, cuando más impacto tienen.
Insultos, demandas y menos transparencia
El texto recoge insultos pronunciados por Trump ante preguntas legítimas y describe un clima de confrontación permanente. También afirma que el presidente ha llevado a los tribunales a The New York Times, Wall Street Journal y Associated Press, además de amenazar a cadenas como ABC, CBS, NBC y BBC.
En paralelo, se denuncia una caída de la transparencia: más difícil acceder a información que antes era pública, como la declaración de impuestos del presidente, la lista de visitantes de la Casa Blanca o las transcripciones de discursos.
Autocensura: cuando el miedo manda más que la redacción
Seis grupos pro libertad de prensa sostienen que esta Administración ejecuta ‘el mayor y más sistemático asalto a la libertad de prensa’ bajo ninguna presidencia. Según PEN América, aumentó la autocensura entre periodistas y artistas, y algunos monologuistas han abandonado el humor político por temor a pleitos costosos o represalias.
La clave, desde una óptica crítica con el ecosistema mediático, está en el dinero: muchos medios dependen de conglomerados con intereses ajenos al periodismo. El especialista de NPR David Folkenflik apunta a los milmillonarios propietarios como objetivo real de la presión. Y Domenico Montanaro (NPR) subraya la paradoja: Trump insulta a la prensa pero busca su aprobación, especialmente desde el inicio de la guerra contra Irán, descrita como impopular en EE.UU.
Con este panorama, la frase final atribuida a Kelly McBride (defensora de la audiencia de la radio pública) resume el dilema: para la prensa, lo único más insultante que Trump no vaya a la cena es que Trump vaya.



