
El peligro de la «eterna primavera»: ¿necesitamos pasar frío?
La ineficiencia del confort térmico artificial
En enero, cuando las olas de frío invaden España, muchos aumentan el termostato a más de 23 grados. Esto genera espacios con clima de eterna primavera. Sin embargo, este confort térmico puede estar haciendo nuestro organismo menos eficiente.
El verdadero impacto del sedentarismo térmico
Con el tiempo, el cuerpo humano se ha adaptado a cambios constantes de temperatura. Actualmente, estamos tan acostumbrados a temperaturas artificiales que hemos perdido la capacidad de activar nuestros mecanismos de regulación. Al evitar el frío, desactivamos una de nuestras armas metabólicas: la grasa parda, que quema calorías para generar calor.
Beneficios de un poco de frío
Pasar frío de manera controlada puede traer beneficios como:
- Aumento del gasto energético
- Mejora de la sensibilidad a la insulina
- Perfil lipídico más saludable
- Reprogramar el metabolismo para quemar más energía
La paradoja es clara: cuanto menos frío experimentamos, peor preparados estamos para enfrentarlo. La vida moderna en entornos cálidos puede atrofiar nuestra grasa parda, volviéndonos ineficaces en la regulación térmica y más propensos a acumular grasa blanca.
Recomendaciones prácticas
No se trata de incomodarse, sino de repensar la variabilidad térmica de forma segura:
- Mantén la calefacción entre 19 y 21 grados y vístete adecuadamente.
- Termina tus duchas con agua fría durante 30 segundos.
- Realiza paseos con una capa de ropa menos, permitiendo que tu cuerpo trabaje para calentarse.
- Ventila tu hogar a diario: abrir ventanas mejora la calidad del aire y rompe la burbuja de calor.
Regular adecuadamente la temperatura en el hogar es vital para el bienestar físico y mental, especialmente en un contexto de teletrabajo. La recomendación es no superar los 20 grados en invierno.



