El Papa visitó la parroquia de la Ascensión y lanzó un mensaje directo: sí a la paz, no a la violencia ni a las drogas, en plena tensión por Oriente Medio y Ucrania.

La tarde del 1 de marzo de 2026, el Papa León XIV realizó una visita pastoral a la parroquia de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, en la diócesis de Roma. Ante niños, jóvenes, familias, ancianos, enfermos y voluntarios, el Pontífice improvisó un discurso con un eje claro: la fe como luz en medio de la crisis moral y los conflictos internacionales.
En un contexto marcado por la reactivación de la guerra en Oriente Medio y la prolongación del conflicto en Ucrania, el Obispo de Roma alertó: “Guerra, otra vez”, subrayando su “profunda preocupación” por la situación internacional.
“Existe el mal, pero también el bien”
Desde el patio del oratorio, ante los niños del catecismo, el Papa abordó una de las cuestiones más complejas de la teología: ¿por qué existe el mal?
Su respuesta fue directa: el ser humano es libre y puede elegir entre vida o muerte, bien o mal. “Tenemos esta libertad, que es un don inmenso”, afirmó, animando especialmente a los más pequeños a “elegir siempre el bien” para transformar el mundo.
León XIV definió a la parroquia como “la luz del amor en el barrio”, destacando la importancia de comunidades vivas y cohesionadas frente a una sociedad fragmentada y marcada por problemas sociales.
Gaza y los niños sin hogar: una tragedia actual
El Pontífice no evitó la crudeza de la realidad. Recordó la tragedia de Gaza, donde, según señaló, “tantos niños han muerto” y muchos han quedado sin padres, sin escuela y sin hogar.
En lugar de alimentar discursos ideológicos o polarizadores, insistió en una vía clara: diálogo frente a violencia, respeto frente a odio y compromiso activo de los cristianos como promotores de paz y reconciliación.
Un mensaje contundente contra las drogas
El Papa también puso el foco en un problema que afecta directamente a muchos barrios europeos: las drogas. Señaló que incluso en la zona de la parroquia existen dificultades en este ámbito y pidió un rechazo rotundo a lo que “perjudica nuestra salud”.
Su consigna fue inequívoca: “Siempre no a las drogas, siempre sí a lo beneficioso”.
Ante madres de presos y familiares de personas con adicciones, León XIV apeló a la comunidad como red de apoyo. Subrayó que nadie debería sentirse solo y que la fuerza nace cuando se construye una auténtica comunidad.
“Construyamos comunidad”: una Iglesia frente al individualismo
En su encuentro con el Consejo Pastoral, el Papa criticó implícitamente las corrientes que reducen la fe a un plano individualista: “Dios y yo… los demás no importan”. A su juicio, ese modelo no responde al Evangelio.
Frente a ello, defendió una Iglesia de comunión real, de presencia activa en barrios con dificultades sociales, donde la voz de la parroquia pueda incluso “despertar a las autoridades” para que actúen ante problemas estructurales.
El mensaje final fue claro: unidad, fe compartida y valentía pública.
Una Iglesia que no se repliega
Antes de regresar al Vaticano, León XIV se dirigió a los fieles congregados en la plaza. Les recordó que quien “sale de noche” lo hace porque lleva la luz dentro. Invitó a mantenerse firmes como “luz del mundo y sal de la tierra”.
En tiempos de guerras abiertas, crisis moral y fractura social en Europa, el Papa ha optado por un discurso que combina espiritualidad con responsabilidad pública. No hubo neutralidad cómoda: hubo una llamada a la acción, a la coherencia y a la defensa del bien común desde la fe.
La pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿está Europa dispuesta a recuperar la centralidad de sus raíces cristianas para afrontar sus crisis actuales?



