jueves, marzo 5, 2026
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Fernando Ónega muere a los 78: la voz de la Transición

Fernando Ónega muere a los 78: la voz de la Transición

Del humor en público a las frases que marcaron una era política

El periodista Fernando Ónega ha muerto a los 78 años, según informó RTVE, que lo define como un cronista imprescindible de la Transición. Ónega fue autor de algunas de las frases más recordadas asociadas a Adolfo Suárez, entre ellas ‘Puedo prometer y prometo’ y la consigna política: ‘Hay que elevar a categoría de normal lo que ya en la calle es normal’, en referencia a partidos, sindicatos y urnas.

En lo personal, Ónega dejó una imagen poco habitual en el periodismo de ego inflado: la de alguien capaz de desarmar a un auditorio con ironía y de reírse de sí mismo. Quienes lo trataron recuerdan una escena en la gala de las Antenas de Oro, presentada por Nieves Herrero, cuando subió a recoger el premio y su hijo pequeño, desde la platea, quedó paralizado al ser preguntado por lo que quería ser de mayor. Ónega lo sacó del apuro con una salida provocadora que hizo estallar al público en carcajadas.

La ‘voz’ templada que hoy se echa de menos

Ónega fue conocido por una forma de hablar ‘templada y moderada’, recordada por oyentes de Hora 25 en Cadena SER. Ese tono, descrito como apto para conversar ‘a izquierda y derecha’, contrasta con el clima actual, donde el debate público se ha vuelto un campo de trincheras: más consignas que argumentos y más insulto que contraste de ideas.

En su trayectoria aparece una evolución política y profesional: desde prensa próxima al régimen a la ‘sala de máquinas’ de la ruptura pactada de la Transición. Ese recorrido explica por qué Suárez se apoyó en perfiles capaces de traducir el cambio sin incendiar el país. Y también por qué, con el paso del tiempo, la Transición sigue siendo objeto de disputa: unos la mitifican; otros la desprecian. Ónega, por lo que se cuenta en el texto, prefería la normalidad institucional a la épica de la confrontación.

Vuelta a la redacción y un epitafio transversal

Tras su paso por el poder, Ónega emprendió otra travesía: volver ‘al otro lado’, a los micrófonos, a la redacción y a la televisión. Cultivó géneros y formatos en distintos medios, manteniendo un sello ‘transversal’. La Casa de Galicia acogió su capilla ardiente, un lugar que, según el relato, reunió a gente ‘diversa y variopinta’, quizá el resumen más fiel de una figura que logró respeto en ambientes muy diferentes.

Entre los recuerdos que deja, se subraya su ironía gallega. En el premio Madrigallegos, donde ejerció de maestro de ceremonias vestido de peregrino antes del conxuro de la queimada, respondió a una pregunta tópica (‘por qué los gallegos contestan con otra pregunta’) con un relato que terminó con otra carcajada general. Una manera de decir mucho sin pontificar, y de pinchar globos —incluido el propio— cuando la solemnidad amenaza con convertirse en propaganda.

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