
Exlibris de Frank Alpresa: honor en Madrid, olvido en Cataluña
La Real Academia de San Fernando incorpora su obra al «panteón» de Goya
La Calcografía Nacional suma desde este viernes la obra exlibrística de Frank Alpresa, tras la firma de donación de su nieta, Silvia Grossman Alpresa, a través de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La incorporación coloca estos exlibris en el mismo entorno patrimonial donde se custodian los grabados más célebres de Francisco de Goya, incluidos los dedicados a los Desastres de la guerra y la tauromaquia.
Qué se dona y por qué importa
No se trata de una pieza suelta, sino de una obra exlibrística que, por su propia naturaleza, suele quedar enterrada en colecciones privadas. La familia Grossman, con Silvia Grossman al frente, busca exactamente lo contrario: que la obra de Alpresa se exponga al público y deje de ser material reservado a círculos cerrados. El gesto llega, además, después de años de trabajo de reivindicación familiar y de una evidencia incómoda: el interés institucional no se ha manifestado donde cabría esperar.
Madrid sí, Cataluña no: la paradoja cultural que nadie quiere discutir
La propia historia descrita en torno a Alpresa señala una paradoja: en bibliotecas de familias «bien» de Barcelona se acumulan cientos de exlibris del artista, pero su nieta asegura haberse topado con cero interés en Cataluña para rendirle homenaje. El reconocimiento, de momento, le llega en Madrid, en una institución de referencia como la Real Academia de San Fernando. En un país que presume de «memoria» para todo, este caso vuelve a abrir una pregunta incómoda: ¿por qué ciertos nombres se rescatan y otros se dejan en el cajón, incluso cuando su obra ya estaba dentro de casas influyentes?
Un artista marcado por la guerra civil y por la España del sectarismo
El texto original retrata a Alpresa como un creador de biografía áspera: sevillano, llegado joven a Cataluña, vinculado al entorno de Xavier Nogués y con una etapa en Nueva York en los años 20 que dejó huella en su estilo. Luego, la política y la guerra civil: sus ideas izquierdistas y su inclinación satírica le llevaron a la cárcel, de donde salió tras tres años para caer en una vida de oscuridad, encargos menores y supervivencia creativa. Su hija fue dada en adopción a una familia «más políticamente correcta» y con más recursos, un episodio que el relato presenta como un sacrificio personal difícil de encapsular en etiquetas.
De «arte menor» a espejo social: por qué estos exlibris incomodan
Los exlibris, tradicionalmente vistos como un género menor, aparecen aquí como lo contrario: retratos subliminales y casi radiografías psicológicas de quienes los encargaban. El propio enfoque sugiere una ironía evidente: la élite que conservó esas piezas no empujó su reconocimiento público cuando tocaba. Alpresa sobrevivió ilustrando desde cuentos infantiles de «El Patufet» hasta misales y recordatorios de primera comunión, pero su respiradero artístico fueron precisamente esos exlibris, donde se le atribuye un trazo capaz de mezclar erotismo comedido, amor familiar e incluso caricatura con una «deliciosa impertinencia».
La comparación con Goya y el debate de fondo: memoria, cultura y relato
La donación se interpreta como algo más que un trámite: Alpresa entra en el espacio simbólico donde se conserva la obra más perturbadora de Goya, y el paralelismo propone una idea: el arte como testimonio de época. Frente al dramatismo de los grabados de guerra, los exlibris serían una versión más jovial, pero igualmente reveladora, de un tiempo donde «estar comprometido» no era un eslogan. En pleno debate español sobre relato histórico, la incorporación de Alpresa plantea otra disputa: la del canon cultural y quién decide qué artista merece foco y qué artista se queda en la penumbra.
La familia Grossman reclama algo concreto: que la obra no quede encerrada «en cajas fuertes» para expertos, sino visible. Y el hecho de que el primer gran paso llegue desde Madrid, y no desde donde el artista desarrolló buena parte de su trayectoria, vuelve a dejar en evidencia un sistema cultural más atento a la etiqueta y al clima político que al mérito artístico.



