El independentismo catalán vuelve a convertir el caos ferroviario en un arma política contra el Estado y, sorprendentemente, también contra el propio Govern, al que acusan de incapacidad y sumisión. Miles de manifestantes exigen la “ruptura” mientras las plataformas de usuarios denuncian un servicio colapsado y “tercermundista”.

Independentismo movilizado: el caos de Rodalies como gasolina política
Los principales partidos y entidades independentistas se lanzaron este sábado a las calles de Barcelona para protestar por el deficiente servicio de Rodalies, buscando responsabilizar al Estado, a Renfe, a Adif e incluso al Govern, en un giro que revela la profunda fractura interna del separatismo.
La marcha, convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y el Consell per la República, arrancó en el monumento de Rafael Casanova y culminó en Sant Jaume bajo el lema: “¡Basta! Única vía: independencia”.
Lluís Llach eleva el tono: “Humillaciones continuas y trato colonial”
El presidente de la ANC, Lluís Llach, volvió al discurso más radical afirmando que Cataluña sufre “humillaciones que el Estado impone continuamente” y denunciando un supuesto “trato colonial”.
La estrategia de victimismo vuelve a la primera línea, pese a que la gestión de Rodalies lleva años marcada por retrasos, descoordinación administrativa y falta de inversión conjunta entre Generalitat y Estado.
El líder del Consell per la República, Jordi Domingo, cifró el supuesto “déficit fiscal” en 25 500 millones de euros, una cantidad recurrente en el argumentario independentista pero siempre cuestionada económicamente.
Òmnium habla de “maltrato”, Junts exige ceses y FGC reclama el control
El presidente de Òmnium Cultural, Xavier Antich, denunció una supuesta discriminación “estructural”, mientras Junts elevó la presión sobre el Govern.
El secretario general Jordi Turull exigió el cese inmediato de la consellera de Territorio Sílvia Paneque y del ministro de Transportes Óscar Puente, acusando a ambos de incapacidad manifiesta.
Turull reclamó además que FGC asuma el control del servicio, desautorizando abiertamente el modelo pactado entre Generalitat y Estado.
La CUP denuncia que “Cataluña se cae a trozos”
El diputado de la CUP, Dani Cornellà, calificó Rodalies como “la punta del iceberg” de un supuesto deterioro general de Cataluña.
No obstante, evitó mencionar que muchas de las competencias clave en materia de movilidad dependen directamente del Govern, no del Estado.
ERC intenta rebajar la crispación pero también exige dimisiones
Mientras Junts buscaba capitalizar la protesta, ERC optó por otro enfoque:
Enviar a perfiles institucionales como Laura Pelay, mientras el presidente Oriol Junqueras y la secretaria general Elisenda Alamany acudían a la movilización vespertina.
Pelay acusó al Estado de llevar al sistema ferroviario catalán a la “quiebra”, pero defendió que ERC “pone soluciones sobre la mesa”, especialmente el modelo mixto con Renfe y la Generalitat, un acuerdo criticado por todo el bloque independentista.
La tensión crece: Rodalies “ha tocado fondo” y los usuarios estallan
Por la tarde, unas 3 000 personas (según la Guardia Urbana) secundaron otra protesta convocada por plataformas de usuarios.
La portavoz de Dignitat a les Vies, Anna Gómez, denunció que los ciudadanos están “mal física y psicológicamente” por los retrasos diarios y reclamó saber “cuándo y cómo se invertirá”.
Señaló directamente a Renfe, Adif y Madrid, repitiendo el argumentario independentista, pero sin mencionar las responsabilidades compartidas de la Generalitat en planificación, mantenimiento y servicio.
El presidente de la Associació per a la Promoció del Transport Públic, Adrià Ramírez, pidió acabar con el “modelo centralista”, ignorando que la Generalitat ya gestiona parcialmente parte de la red sin resultados ejemplares.
El Govern intenta contener daños: “Hay que pasar de la frustración a las soluciones”
El conseller de Presidencia, Albert Dalmau, reconoció el malestar ciudadano pero pidió evitar el “ruido político”.
Prometió “agarrar el toro por los cuernos” con más inversión y un cambio de gestión sin marcha atrás, pese a que el Govern ha sido incapaz, durante años, de mejorar la coordinación o presionar eficazmente al Gobierno central.
El Ejecutivo de Salvador Illa, por su parte, intenta evitar que la crisis ferroviaria se convierta en un nuevo frente que desgaste a la Generalitat, ya debilitada por la presión de sus propios socios independentistas.
Conclusión: Rodalies, la enésima excusa de un independentismo dividido
El colapso ferroviario vuelve a servir de combustible político para el independentismo, pero esta vez el fuego no solo apunta a Madrid, sino también al propio Govern.
La división entre ERC, Junts, CUP, ANC y Òmnium muestra un bloque incapaz de gestionar ni siquiera las infraestructuras básicas que reclaman como argumento hacia la independencia.
Mientras tanto, miles de ciudadanos continúan atrapados entre retrasos, protestas, discursos victimistas y una Cataluña donde nadie parece asumir responsabilidades reales.
¿Es Rodalies un problema de Estado… o un síntoma de la descomposición del propio independentismo catalán?



