
España vaciada: Pedroso vuelve a la rutina tras Navidad
Un pueblo de 83 habitantes que resiste cuando se van los focos
Tras las Navidades, muchos pueblos vuelven a quedarse vacíos. Es lo que ocurre en Pedroso, una pequeña localidad de La Rioja con 83 habitantes, situada en el Alto Najerilla. Con el frío, los animales y los vecinos buscan las principales horas de sol para aprovechar ese rayo que templa el cuerpo y, también, el ánimo.
En esas horas se concentra buena parte de la vida social: aquí todos se conocen y gestos básicos como saludar al vecino y recibir respuesta —algo cada vez más raro en la gran ciudad— siguen siendo la norma. La rutina no es espectacular, pero es real: conversación, calle, y comunidad.
Teatro contra la despoblación: cultura donde el Estado se borra
Que sea un municipio pequeño no significa ausencia de actividad. Estos días, vecinos de distintas edades ensayan una obra de teatro cuyo argumento es, precisamente, la despoblación que afecta a tantas localidades. El reparto comparte un mismo nexo: su amor por el pueblo y la voluntad de mantenerlo vivo.
Lo cotidiano como resistencia: naturaleza y mesa
Lo que más valoran es lo simple: pasear por el monte, bajar al bar a por un café y juntarse con el resto de residentes. Una vida conectada con la naturaleza y sostenida por costumbres que en la España urbana se dan por perdidas.
Y en invierno, la gastronomía es parte del refugio: sopa, costillas con patatas y los tradicionales caparrones ayudan a combatir el frío y a reforzar ese tejido social que en muchos discursos oficiales se menciona, pero que rara vez se protege con hechos.
Análisis crítico: el relato oficial y la España que se queda atrás
La escena de Pedroso expone un choque incómodo: mientras desde los centros políticos y mediáticos se habla de cohesión territorial, la realidad es que la España interior sigue viviendo entre campañas puntuales, promesas repetidas y una sensación persistente de abandono. La vida continúa, sí, pero lo hace a base de vecinos que se organizan, no de políticas que funcionen.
La despoblación no es un eslogan cultural: es la consecuencia de décadas de decisiones que han concentrado servicios, oportunidades y atención pública lejos de donde España nació y se sostiene. Y cuando termina la Navidad —cuando se apagan las visitas y las fotos— queda lo de siempre: los que permanecen.



