La comparecencia de Pam Bondi ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos terminó convertida en un auténtico terremoto político. La fiscal general respondió con dureza —incluidos ataques verbales directos a legisladores— cuando fue presionada por la gestión de los archivos vinculados a Jeffrey Epstein y por las investigaciones contra supuestos oponentes del expresidente Donald Trump.

La sesión, que debía centrarse en transparencia institucional, acabó desnudando la creciente polarización política en Washington.
Tensión máxima por los archivos Epstein
El nombre de Jeffrey Epstein sigue siendo una herida abierta en la política estadounidense. Legisladores exigieron claridad sobre la custodia, clasificación y posible desclasificación de documentos relacionados con la red de contactos del financiero.
Bondi rechazó insinuaciones de encubrimiento y calificó las acusaciones de “maniobras partidistas”. La fiscal defendió que los procedimientos siguen protocolos legales estrictos y que cualquier decisión responde a criterios jurídicos, no políticos.
Sin embargo, varios congresistas cuestionaron si existe un trato desigual en función del perfil político de los implicados
Acusaciones de persecución política
La audiencia también abordó los procesos judiciales contra figuras consideradas cercanas a Trump. Desde el ala conservadora se denuncia una supuesta instrumentalización del aparato judicial con fines partidistas, mientras que la oposición insiste en que se trata de investigaciones ordinarias basadas en pruebas.
La fiscal negó categóricamente cualquier sesgo y aseguró que su oficina actúa “sin mirar afiliaciones políticas”.
La tensión subió de tono cuando algunos legisladores insinuaron ocultación de información, provocando respuestas airadas de Bondi que elevaron la temperatura política en el Capitolio.
Un síntoma de fractura institucional
La escena refleja una realidad más amplia: la justicia en Estados Unidos se ha convertido en campo de batalla político. Cada investigación es interpretada bajo el prisma partidista, erosionando la confianza pública en las instituciones.
Analistas señalan que este episodio puede tener consecuencias:
- Mayor presión para desclasificar documentos sensibles.
- Intensificación del discurso de persecución política.
- Nuevos choques entre el poder legislativo y el ejecutivo.
Más que una audiencia
Lo ocurrido no fue solo una sesión parlamentaria tensa. Fue una demostración del nivel de confrontación que domina la política estadounidense en 2026.
La pregunta que queda en el aire es inevitable:
¿Estamos ante un ejercicio legítimo de control parlamentario o frente a una guerra política abierta que utiliza los tribunales como arma?



