Pedro Sánchez respira… por ahora. El pleno extraordinario celebrado este miércoles en el Congreso, marcado por la corrupción que sacude a su Gobierno y con uno de sus principales colaboradores en prisión (Santos Cerdán), terminó con un sabor agridulce para el Ejecutivo. Si bien el presidente logró mantener en pie su frágil mayoría parlamentaria, lo hizo a costa de ceder ante sus socios, silenciar escándalos internos y prometer un futuro que nadie cree que pueda sostener.
En medio de una legislatura marcada por la decadencia moral, el clientelismo político y los casos judiciales que golpean a La Moncloa, el PSOE y sus aliados —ERC, Junts, Bildu, PNV y Sumar— optaron por el pragmatismo: aguantar hasta las vacaciones de verano antes de decidir si abandonan el barco. Una mayoría artificial que se mantiene más por miedo a unas elecciones anticipadas que por convicción política.
Una mayoría comprada con cesiones
Pese a las amenazas de ruptura de sus socios, la jornada acabó con gestos de apoyo tibios, condicionados a que la “crisis no escale”. Junts habla de “prórroga”, ERC insiste en que la confianza está “en la UCI” y hasta el PNV, que amagó con el portazo, reculó al ver la ofensiva verbal de Feijóo. No es apoyo político, es un matrimonio forzado por el oportunismo.
Sánchez evitó pedir una cuestión de confianza, aunque el debate actuó como tal. Se aferró a la aritmética parlamentaria como prueba de legitimidad, mientras varios ministros celebraban como “triunfo” que no le pidieran elecciones anticipadas. Un análisis que revela el nivel de desgaste del Ejecutivo: respirar se celebra como victoria.
Feijóo endurece el discurso
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ofreció uno de sus discursos más duros desde la tribuna, acusando al presidente de encabezar un “Gobierno cercado por la corrupción” y de mantenerse en el poder con apoyos “que tienen precio, pero no principios”. Recordó los escándalos del caso Koldo, los favores a su entorno familiar y la amnistía como peaje para seguir gobernando.
Feijóo también denunció la doble moral del presidente, que “se presenta como adalid de la ética mientras la UCO y los jueces desmantelan su entramado clientelar”. Sin embargo, su tono, más agresivo que en otras ocasiones, fue utilizado por el PSOE como coartada para cohesionar a sus aliados. “Se ha pasado de frenada”, comentaban desde ERC, mientras Sánchez se limitaba a sonreír tras bambalinas.
Un respiro que no borra la descomposición
Desde La Moncloa tratan de presentar este pleno como un punto de inflexión, pero la realidad es otra: el Gobierno sobrevive entre escándalos judiciales, desgaste interno y una credibilidad por los suelos. La euforia de Ferraz contrasta con la advertencia de barones como Emiliano García-Page, que alertan de la fragilidad de una mayoría que solo busca llegar a septiembre.
La legislatura sigue… por ahora. Pero ni la calle, ni las encuestas, ni la justicia parecen dispuestas a seguir tolerando el deterioro institucional que representa este Gobierno. Sánchez no ha ganado nada, simplemente ha evitado perderlo todo. Pero el reloj político corre en su contra.



