
Derribo de la Residencia Cantabria: 16 millones y 18 meses
Adiós al emblema de Santander y a la llamada ‘cuna de Cantabria’
Santander y Cantabria han empezado a decir adiós a uno de sus edificios más reconocibles: la Residencia Cantabria. Tras 57 años dominando el paisaje urbano, el complejo sanitario ha iniciado su desmontaje, cerrando una etapa que arrancó a finales de los años 60, cuando el entonces Instituto Nacional de Previsión compró el terreno a la Diputación Provincial de Santander por 85 millones de pesetas.
La Residencia fue inaugurada en 1969 con más de 600 camas repartidas en 13 plantas, frente a la Casa de Salud Valdecilla. Su nombre oficial era Residencia Sanitaria de la Seguridad Social Cantabria y, con el tiempo, se consolidó como referencia sanitaria, especialmente tras su reconversión en hospital materno-infantil.
De icono sanitario a símbolo del abandono institucional
En 1999, el derrumbe de parte de la fachada del edificio de Traumatología de Valdecilla obligó a la Residencia y al Hospital de Liencres a asumir servicios sanitarios. Sin embargo, durante la década siguiente el deterioro se hizo visible: desprendimientos en el exterior y problemas de ventilación que llegaron a forzar el cierre de quirófanos. En 2016 terminó la actividad del centro, tras 47 años de funcionamiento.
La Residencia es conocida como la ‘cuna de Cantabria’: allí nacieron alrededor de 250 000 personas en una comunidad que no alcanza los 600 000 habitantes. Su desaparición, especialmente en el barrio de Cazoña, no es solo una cuestión de urbanismo: es el final de un referente sentimental y sanitario.
Cómo será la demolición: cuatro fases y el problema del amianto
El plan de desmontaje, adjudicado a la empresa pública TRAGSA, se divide en cuatro fases y afecta a todos los edificios salvo el del Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL). El Gobierno sostiene que busca ‘garantizar la máxima seguridad’ y cumplir la normativa ambiental y de riesgos laborales.
La demolición durará 18 meses. Los primeros 4 meses se dedicarán a la retirada manual de instalaciones, falsos techos y elementos inertes, sin cambios visibles porque se mantendrán volumen y fachadas. Después llegará la fase más delicada: retirar los elementos con amianto, por su toxicidad, con una previsión de 9 meses y protocolos estrictos, incluso con extracción en atmósferas confinadas.
Tras eliminar el amianto, se procederá a la demolición mecánica con maquinaria pesada, de arriba abajo, durante 4 meses, y un último mes para explanar y acondicionar el terreno. El presupuesto total asciende a casi 16 millones de euros.
El futuro del solar: promesas de parque científico y gestión público-privada
El Ejecutivo cántabro planea ubicar en el solar un Parque Científico y Tecnológico vinculado a la salud. La presidenta autonómica, María José Sáenz de Buruaga, ha reconocido que todavía queda por definir el proyecto científico, las instalaciones necesarias y la fórmula de gestión, prevista como público-privada, mientras asegura que la captación de inversiones nacionales e internacionales ‘va muy bien’.
La pregunta incómoda, sin embargo, queda sobre la mesa: tras décadas de deterioro, ¿se está cerrando un capítulo de la sanidad cántabra con planificación real o con otro anuncio grandilocuente que tardará años en concretarse? Mientras tanto, Santander pierde una silueta de casi 50 metros que marcó su skyline durante más de medio siglo.



