Las tensiones por el conflicto geopolítico en Groenlandia y la postura de Trump sobre la soberanía nacional obligan a líderes ultraderechistas europeos a marcar distancia del presidente estadounidense.

La ofensiva de Trump divide a las derechas europeas que antes le respaldaban
Hasta hace poco, Donald Trump contaba con el respaldo o la simpatía abierta de varios líderes de la derecha radical y nacionalista en Europa. Sin embargo, la reciente escalada de tensiones en torno a Groenlandia —con Trump sugiriendo una acción que implica presiones territoriales sobre países aliados— ha puesto en jaque ese apoyo ideológico.
El cambio de tono político de Trump ha provocado un dilema evidente: seguir alineados con una figura internacional que cuestiona la soberanía de países europeos o defender el concepto de Estado nacional frente a presiones externas.
El episodio de Marine Le Pen y la intervención de EE. UU.
La controversia saltó tras las declaraciones de la jueza Magali Lafourcade, quien afirmó que en mayo de 2025 personal del gobierno estadounidense contactó con ella para recabar información sobre el caso penal de Marine Le Pen, líder de la derecha radical francesa. Trump buscaba argumentos para presentar el juicio como “político” y salvaguardar su posible candidatura presidencial en 2027. La jueza consideró la iniciativa como una injerencia indebida y lo comunicó al Ministerio de Asuntos Exteriores francés.
Además, informes filtrados al semanario alemán Der Spiegel señalan que el gobierno de Trump contempló sanciones a jueces y funcionarios europeos implicados en la condena de Le Pen y en la calificación de partidos como extremistas por parte de autoridades alemanas.
Groenlandia: punto de inflexión para la derecha radical
El problema más reciente —y políticamente sensible— ha sido la amenaza implícita de Trump sobre Groenlandia, territorio danés con autonomía propia. Esta posición ha generado rechazo incluso entre figuras tradicionalmente cercanas a Trump:
- Jordan Bardella, líder de la derecha francesa, ha advertido en el Parlamento Europeo que “Europa debe defender su soberanía” frente a amenazas y presiones de EE. UU., rechazando la noción de “vasallaje” bajo el pretexto de una asociación transatlántica.
- Nigel Farage, icono del Brexit y hasta ahora aliado declarativo de Trump, ha matizado su apoyo al afirmar que si se cree en la soberanía nacional, los groenlandeses deberían decidir su futuro sin intervención externa.
Este distanciamiento no responde solo a principios ideológicos, sino también a cálculos políticos domésticos: los sondeos en varios países europeos muestran rechazo ciudadano a la ofensiva de Trump, y mantener un apoyo incondicional podría costar votos.
Voces críticas en el Parlamento Europeo
El debate se ha trasladado al pleno de Estrasburgo, donde representantes de la derecha han expresado su desacuerdo con la postura de Trump:
- Anders Vistisen (Partido del Pueblo de Dinamarca) llegó a dirigir palabras duras al presidente estadounidense en el hemiciclo.
- Bart de Wever, líder belga, criticó la dependencia de Europa respecto a EE. UU. y afirmó que ceder ante presiones externas significaría perder dignidad y autonomía.
Incluso en Alemania, donde el partido Alternativa para Alemania (AfD) había mostrado simpatía, su líder Alice Weidel afirmó que Trump violó una promesa de no interferir en asuntos europeos, mientras otros miembros describieron sus métodos como propios de una mentalidad del “salvaje Oeste”.
¿Sigue habiendo aliados de Trump en Europa?
A pesar de las críticas, aún quedan aliados de Trump dentro del espectro de derecha radical:
- Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, se mantiene como uno de los apoyos más fieles de Trump en Europa. No solo ha mostrado afinidad ideológica, sino que firmó recientemente un acto fundacional promovido por Trump que busca consolidar su influencia geopolítica, incluso con veto sobre aliados europeos tradicionales.
- Giorgia Meloni, presidenta del Gobierno italiano, ocupa una posición intermedia. Si bien proviene de un entorno donde hubo reticencias ideológicas, su liderazgo ha permitido que su país sea tratado como centro-derecha aceptable en Europa, suavizando la percepción sobre sus orígenes.
Consecuencias para el futuro político europeo
La lógica de alianzas ha cambiado. La derecha radical europea enfrenta un dilema: mantenerse como fuerza alineada con un Trump cada vez más controvertido, o redefinir su papel defendiendo la soberanía europea y la independencia política frente a Washington.
El desafío es doble: equilibrar alianzas transatlánticas con la defensa de intereses nacionales, y responder a un electorado que rechaza cada vez más la interferencia de potencias extranjeras en asuntos propios.
El giro estratégico de Trump, lejos de fortalecer una alianza ideológica tradicional, está obligando a la extrema derecha europea a reevaluar su postura y marcar distancias donde antes había sintonía incondicional.



