El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha reactivado el interés internacional por el petróleo venezolano. Con el estrecho de Ormuz amenazado y los precios del crudo disparados, Washington vuelve a mirar hacia Caracas para asegurar su suministro energético.

La guerra con Irán dispara los precios del petróleo
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán está generando un fuerte impacto en los mercados energéticos globales. La principal preocupación es el riesgo para el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que circula cerca del 20 % del petróleo mundial.
En apenas una semana de conflicto, los mercados han reaccionado con fuertes subidas:
- El Brent subió 8,52 %, cerrando en 92,69 dólares por barril.
- El WTI (West Texas Intermediate) aumentó 8,16 %, alcanzando 87,62 dólares.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha endurecido su discurso al exigir la “rendición incondicional” de Irán, lo que ha incrementado la incertidumbre en los mercados energéticos internacionales.
Este escenario ha devuelto protagonismo a un actor que durante años había quedado al margen del tablero energético occidental: Venezuela.
Venezuela vuelve al radar energético de Washington
Tras años de tensiones diplomáticas y sanciones, la situación cambió radicalmente el 3 de enero de 2026, cuando se produjo la captura de Nicolás Maduro y el posterior nombramiento de Delcy Rodríguez como figura clave en la reorganización del poder en Caracas.
Este giro político abrió de nuevo los canales de comunicación entre Caracas y Washington, permitiendo la reanudación del comercio petrolero.
Según datos mencionados por Trump, Estados Unidos ha recibido ya alrededor de 80 millones de barriles de petróleo venezolano desde el reinicio de las operaciones.
El plan estratégico del presidente estadounidense es claro: reactivar la industria petrolera venezolana, que posee las mayores reservas probadas del planeta, estimadas en 303 000 millones de barriles.
El conflicto beneficia los ingresos petroleros de Venezuela
El aumento del precio del crudo está generando un efecto inmediato en las cuentas del país sudamericano.
La exviceministra de Energía venezolana Dolores Dobarro explicó que cada dólar adicional en el precio del barril supone casi un millón de dólares diarios extra para Venezuela.
Si la guerra en Oriente Medio se prolonga, el país podría experimentar un incremento significativo de ingresos petroleros, especialmente tras la flexibilización parcial de sanciones.
En 2025, Venezuela registró una producción promedio de 1 081 000 barriles diarios, su nivel más alto en siete años.
Infraestructura deteriorada: el gran obstáculo
Sin embargo, la realidad del sector energético venezolano dista mucho de la potencia petrolera que fue en el pasado.
Durante los años noventa, el país llegó a producir más de 3 millones de barriles diarios. Hoy esa cifra parece lejana.
El principal problema es la grave falta de inversión, mantenimiento e infraestructura, agravada por décadas de mala gestión estatal y sanciones internacionales.
Dobarro advierte que la producción no puede incrementarse de forma inmediata, ya que el sector necesita recuperar:
- Instalaciones petroleras deterioradas
- Servicios básicos esenciales para la industria
- Inversión tecnológica y capital extranjero
Actualmente, la mayor parte del petróleo que antes se exportaba a Asia —principalmente a China— está siendo redirigido hacia Estados Unidos.
El giro estratégico: menos China, más Estados Unidos
El economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, José Guerra, explica que el cambio en la estructura del comercio petrolero venezolano ha sido radical.
Hasta principios de 2026:
- El 80 % del crudo venezolano se enviaba a China, generalmente con descuentos cercanos a 20 dólares por barril.
- De 800 000 barriles diarios exportados, unos 700 000 iban al mercado chino.
- El resto se destinaba a Estados Unidos, principalmente a través de operaciones de Chevron, que tenía una licencia especial.
Tras el cambio político, la mayoría de las exportaciones se están redirigiendo ahora al mercado estadounidense, lo que supone un giro geopolítico de gran calado.
La recuperación petrolera requerirá miles de millones
Según Guerra, Venezuela podría aumentar su producción hasta 1,1 millones de barriles diarios en 2026, lo que supondría un crecimiento cercano al 15 %.
Pero recuperar la antigua capacidad petrolera será un desafío enorme.
Para volver a producir 3 millones de barriles diarios, el país necesitaría:
- Entre 5 y 7 años de reconstrucción del sector
- Inversiones cercanas a 70 000 millones de dólares
Trump ha llegado a hablar de 100 000 millones de dólares para modernizar completamente la industria.
Venezuela: un proveedor estratégico para Occidente
Pese a sus problemas estructurales, Venezuela mantiene una ventaja estratégica difícil de ignorar: su proximidad geográfica a Estados Unidos y Europa.
Esto convierte al país en un proveedor potencialmente más seguro que los productores de Oriente Medio, donde el transporte de crudo está expuesto a tensiones militares constantes.
Además, la historia respalda ese papel.
El experto energético José Toro Hardy recuerda que Venezuela fue clave durante la Segunda Guerra Mundial, cuando aportó alrededor del 60 % del petróleo utilizado por las fuerzas aliadas.
También desempeñó un papel importante durante grandes crisis energéticas como:
- La crisis del canal de Suez (1956)
- La Guerra de los Seis Días (1967)
- La crisis petrolera tras la guerra de Yom Kipur (1973)
Un nuevo tablero energético global
El conflicto en Oriente Medio ha demostrado una vez más que la seguridad energética sigue siendo un factor decisivo en la política internacional.
En este contexto, Venezuela vuelve a posicionarse como una pieza clave en el suministro mundial de petróleo, especialmente para Estados Unidos.
Sin embargo, la pregunta sigue abierta: ¿podrá el país reconstruir su industria petrolera tras décadas de deterioro y mala gestión?
La respuesta dependerá de las inversiones internacionales, la estabilidad política y la capacidad real de modernizar una infraestructura energética hoy profundamente debilitada.



