
Bandera de Groenlandia: la sospechosa huella de Santander
Un gallardete español de 1870 y un diseño oficial de 1985
En la Plaza de Pombo de Santander, en el palacio del mismo nombre, ondea un emblema que muchos han visto estos días en televisión por el debate sobre Groenlandia y la presión política de Donald Trump: mitad superior roja, mitad inferior blanca y un círculo central con esos colores invertidos. No es la bandera groenlandesa: es el gallardete del Real Club de Regatas, creado en 1870, y su diseño es anterior al de la isla ártica.
Según la versión difundida por la propia institución, el gallardete fue diseñado en 1870 por Abelardo Unzueta, uno de sus socios, basándose en los colores de la matrícula de la provincia marítima de Santander. La coincidencia es total con la bandera de Groenlandia, aunque invertida: en términos prácticos, es el mismo patrón visual.
De Santander a Groenlandia: ¿casualidad o copia?
El presidente del club, Alejandro Miyares, sostiene que el símbolo era conocido en los puertos del norte de Europa porque identificó durante más de un siglo a embarcaciones santanderinas presentes en regatas internacionales. Por eso lanza una acusación tan directa como incómoda: ‘alguien que la conocía nos la plagió’.
Ese ‘alguien’ fue Thue Christiansen, profesor y artista groenlandés, que ganó en 1979 el concurso público del gobierno autónomo para dotar a la isla de una bandera. Christiansen explicó que el blanco simboliza la capa de hielo y que el semicírculo rojo alude a los fiordos; la mitad blanca del círculo representaría los icebergs y la parte roja, el océano. La bandera se adoptó oficialmente en 1985.
La corona, la monarquía y el contraste con el relato oficial
El gallardete santanderino incorpora una corona real añadida en 1893, cuando Alfonso XIII fue nombrado presidente de honor del club. Es un detalle revelador: mientras hoy algunos venden la discusión sobre símbolos como si todo naciera de la nada en laboratorios identitarios, aquí hay un rastro histórico español, marítimo y monárquico que precede al relato moderno.
Y, sin embargo, el debate público internacional se está yendo por otro carril: protestas en Dinamarca y Groenlandia contra la ambición de Trump, tensión geopolítica y presión mediática. En medio de ese ruido, pasa casi desapercibido que el icono que hoy representa a Groenlandia ya ondeaba en Santander más de un siglo antes.
Un dato incómodo que nadie va a judicializar
Christiansen falleció en 2022, por lo que no puede aclarar si hubo plagio o simple inspiración. Desde el club reconocen que no han contemplado emprender acciones legales y que la coincidencia ahora les da visibilidad: ‘Nunca nos hemos planteado iniciar ninguna acción legal y ahora nos está haciendo una muy buena propaganda’.
La pregunta, por tanto, no es solo estética: ¿cuántas veces la historia de España queda fuera del foco mientras otros se llevan el relato? En un momento de pulsos internacionales por territorio, soberanía y símbolos, el caso del gallardete cántabro y la bandera groenlandesa deja un mensaje claro: la memoria también es poder, y a veces se reescribe a conveniencia.



