miércoles, febrero 4, 2026
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Antonia Mercé, La Argentina: genio español sin Estado

Antonia Mercé, La Argentina: genio español sin Estado

La gran renovadora de la danza española, hoy olvidada

En plena discusión sobre la falta de apoyo a la cultura nacional, la figura de Antonia Mercé («La Argentina») vuelve a escena: fue la gran renovadora de la danza clásica española en las primeras décadas del siglo XX, comparada en fama con Ana Pavlova. Nació en Buenos Aires el 4 de septiembre de 1890 (por una gira de sus padres, primeros bailarines del Teatro Real de Madrid) y murió en Francia el 18 de julio de 1936, con 45 años. Su legado influyó en discípulas como Mariemma.

Este mes de enero, la Fundación Juan March ha dedicado una muestra a lo que fueron sus Ballets Espagnols, incluyendo piezas como «Triana» de Isaac Albéniz, interpretada por la compañía de Antonio Najarro. Un recordatorio incómodo: mientras se multiplican los discursos oficiales, la danza española sigue siendo tratada como un lujo prescindible.

De París a Washington: la española que conquistó Europa y EE. UU.

Antonia Mercé creció entre el escenario y el sacrificio. Con 4 años imitaba números como «el ole» y «la petenera». Sus padres, al ver su voz de contralto, intentaron llevarla al bel canto, pero la enfermedad de su padre (una parálisis) la empujó a dedicarse por completo a la danza con 14 años para sostener la economía familiar.

Con 15 años se presentó en París al frente de una compañía de baile español llamada «Embrujo de Sevilla». También dejó huella en Londres. Ella misma resumía una idea que hoy choca con el victimismo cultural contemporáneo: «Él bailaba con los pies cuando hay que hacerlo con el corazón y la cabeza».

En 1925 estrenó en París «El amor brujo», con música de Manuel de Falla y libreto de Gregorio Martínez Sierra. En 1935 presentó esa obra con un reparto encabezado, tras ella, por Pastora Imperio y Vicente Escudero, y con Miguel de Molina como «El Espectro».

Su repertorio, con un dominio de las castañuelas que el texto destaca como inigualado, incluyó partituras de Albéniz, Granados, Falla, Turina, Esplá y Halffter. Intelectuales como Valle-Inclán reconocieron la categoría de sus danzas. Y su perfeccionismo llegó al vestuario: exhibió trajes que habían pertenecido a la reina Isabel II, adquiridos en una tienda de anticuario.

Una agenda internacional que hoy incomoda a los moralistas

La carrera de La Argentina fue global cuando España aún era mirada con condescendencia en ciertos salones europeos. En 1924, en Roma, una gala suya fue presenciada por el rey de Italia y por Benito Mussolini. En 1928 presentó sus Ballets Espagnols en la Ópera Cómica de París. En 1929 emprendió su tercera gira por Estados Unidos y repitió la experiencia cada invierno durante seis temporadas más. En Nueva York recibió un homenaje en el Instituto de las Españas, con intervención de Federico García Lorca.

Y en enero de 1935 actuó en Washington en la Casa Blanca, un hito para una artista española de su época. Fuera de España, reforzaba la selección de música clásica española e incorporaba piezas flamencas. Su última actuación en Madrid fue el 22 de junio de 1935, en una gala benéfica para contribuir a la edición de una Antología del Flamenco de Fernando el de Triana.

La República, los planes culturales y el final el 18 de julio

En junio de 1936 pasó por la Ópera de París por última vez, combinando a Falla y «El amor brujo» con «El gallo de oro» de Rimski Kórsakov. Ya en julio de 1936, junto a Max Aub, propuso a las autoridades de la República crear una Escuela Nacional de Danza dentro del Teatro Nacional, invitando a participar a figuras como La Argentinita y Vicente Escudero. El proyecto no llegó a realizarse: la Guerra Civil estaba a punto de estallar.

El cierre fue tan dramático como simbólico. El sábado 18 de julio de 1936, asistió a un festival de danza en San Sebastián. A las 21:00 se despidió y viajó a Bayona, donde tenía una villa. Al llegar, sintió un dolor agudo en el pecho, cayó al suelo y murió. Había confesado el coste físico de su entrega: «Cuando bailo, experimento una angustia tal que no es raro que al día siguiente tenga que guardar cama con cuarenta grados de fiebre».

El debate pendiente: ¿por qué España no protege lo suyo?

La historia de La Argentina desmonta muchos relatos cómodos. No necesitó victimismo ni subvenciones para ser respetada en Europa y Estados Unidos, pero hoy su arte depende de homenajes puntuales. Mientras la política cultural se llena de consignas, la danza española sigue esperando programación estable y un respaldo real. La Argentina nació en Argentina y murió en Francia, pero su obra fue, según el propio relato, «siempre española». La pregunta es otra: ¿España está siendo, hoy, igual de española con su patrimonio cultural?

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