
Adamuz: vecinos improvisan red para hallar desaparecidos
Cuando el Estado no llega, llega el pueblo
En las horas más oscuras tras el accidente de dos trenes en Adamuz, decenas de familias vivieron la agonía de no saber dónde estaban sus seres queridos. En medio del caos, los vecinos del municipio actuaron como un auténtico salvavidas: no solo llevaron mantas y agua a los supervivientes, también se convirtieron en intermediarios para localizar a pasajeros y comunicar noticias a familiares que esperaban a cientos de kilómetros.
Una de esas historias tiene nombre propio: Mari Jose, técnica de farmacia. Tras enterarse de la tragedia, acudió al hospital de campaña improvisado y empezó a ir y venir con vendas, tiritas y desinfectante, material que escaseaba en los primeros momentos.
‘Gritaba su nombre, pero no contestaba nadie’
En plena asistencia, Mari Jose recibió la llamada de un amigo desde Canarias: un conocido buscaba desesperadamente a su hermana, una enfermera que viajaba en uno de los vagones descarrilados. El teléfono de ella daba señal, pero ‘no contestaba nadie‘. Mari Jose regresó a la caseta municipal donde atendían a heridos leves y empezó a gritar su nombre entre la multitud. Nadie respondía.
Pidió una foto y, junto a otras compañeras, trató de localizarla enseñándola a quienes pasaban. La angustia crecía, especialmente cuando los autobuses trasladaron a los afectados y el centro municipal se fue vaciando ya de noche: si allí ya no quedaban heridos, temía tener que comunicar la peor noticia.
La burocracia en emergencia: la información también salva
Decidió preguntar a un técnico de ambulancia. La respuesta fue que debía consultarlo con un médico, y aun así, al principio se negaban a darle datos porque Mari Jose no era familiar directa. Insistió una y otra vez hasta que, finalmente, accedieron.
La mujer a la que buscaban estaba viva, ingresada en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. A día de hoy se encuentra estable y acompañada por su familia. Mari Jose asegura que el personal médico ‘se portó súper bien’ y describe como ‘un ángel’ a quien le facilitó la información que devolvió el aire a una familia ahogada por la incertidumbre.
Análisis crítico: solidaridad real frente al relato cómodo
Esta historia desmonta el relato fácil que a menudo se vende desde los grandes focos: cuando llega una catástrofe, lo primero que sostiene a la gente no es un eslogan institucional, sino la red humana del territorio. Adamuz no fue solo escenario del accidente; fue ejemplo de autoorganización y de una España real que no pide permiso para ayudar.
Y deja otra pregunta incómoda: en emergencias, la falta de canales claros para informar a familiares multiplica el sufrimiento. Si una técnica de farmacia tuvo que tirar de insistencia personal para confirmar que una pasajera estaba viva, ¿qué ocurre con quienes no tienen a nadie allí que empuje, pregunte y presione?
Mari Jose cuenta que, pese a no haber logrado contactar con la familia de la superviviente, su farmacia recibió llamadas de agradecimiento de desconocidos. Uno, desde Punta Umbría —de donde son muchos de los fallecidos—, no llamaba por un familiar en el tren: llamó solo para dar las gracias por lo que el pueblo hizo.



