La inflación en Estados Unidos volvió a sorprender a la baja en enero. El Índice de Precios al Consumo (IPC) se situó en el 2,4 % interanual, por debajo de lo que anticipaban los analistas y más cerca del objetivo de estabilidad fijado por la Reserva Federal. El dato reaviva el debate sobre el futuro de los tipos de interés y el rumbo de la política monetaria estadounidense.

Un descenso mayor del previsto
Según los datos oficiales publicados en Washington, la inflación general continúa moderándose tras los picos registrados en los últimos años. El consenso del mercado esperaba una cifra ligeramente superior, por lo que el 2,4 % ha sido recibido como una señal positiva en los parqués.
El descenso se explica principalmente por:
- Moderación en los precios energéticos.
- Estabilización de bienes duraderos.
- Contención progresiva en algunos servicios.
Sin embargo, la inflación subyacente —que excluye energía y alimentos— sigue siendo un indicador clave para medir la presión estructural de precios.
La Reserva Federal, ante una decisión delicada
El nuevo dato coloca a la Reserva Federal de Estados Unidos en una posición compleja. Tras un ciclo agresivo de subidas de tipos en los últimos años, el banco central ha mantenido una postura prudente, esperando señales claras de desinflación sostenida.
Con la inflación en el 2,4 %, el mercado comienza a descontar posibles recortes de tipos si la tendencia continúa. No obstante, la Fed insiste en que necesita confirmar que la caída es estructural y no puntual.
Impacto en los mercados y en el dólar
La reacción inicial en Wall Street fue positiva, con subidas en índices bursátiles y movimientos en el mercado de bonos. El dólar mostró cierta volatilidad ante la expectativa de un eventual giro monetario.
Para las familias estadounidenses, la moderación del IPC supone un alivio parcial tras años de pérdida de poder adquisitivo. Aun así, muchos precios permanecen en niveles elevados respecto a etapas previas a la crisis inflacionaria.
Repercusiones globales
La inflación estadounidense tiene impacto directo en la economía mundial. Una política monetaria más laxa podría aliviar tensiones financieras internacionales y facilitar condiciones de crédito más favorables.
Para Europa y mercados emergentes, el comportamiento del dólar y de los tipos estadounidenses sigue siendo determinante en flujos de capital y estabilidad financiera.
La gran incógnita ahora es si el 2,4 % marca el inicio de una senda estable hacia el objetivo del 2 % o si se trata de una pausa temporal en un entorno aún incierto.



