Estados Unidos ya está clasificado para el Mundial de 2026, pero arrastra una bomba interna que nadie quiere desactivar: Gio Reyna, el futbolista que pasó de promesa dorada a símbolo de privilegio, conflicto y división interna en la selección estadounidense.

Un caso que nunca se cerró del todo
El nombre de Gio Reyna sigue generando tensión real dentro del entorno de la USMNT. Aunque el escándalo explotó públicamente tras el Mundial de Catar 2022, sus consecuencias siguen vivas y condicionan decisiones deportivas, convocatorias y dinámicas internas.
Error estructural: el conflicto nunca se resolvió de forma ejemplar, solo se enterró mediáticamente.
Padres, poder e interferencias: el pecado original
El punto más grave del caso Reyna no fue su rendimiento deportivo, sino la intervención directa de sus padres —exjugadores, exdirigentes y figuras influyentes del fútbol estadounidense— en asuntos internos de la selección.
Presiones al cuerpo técnico, llamadas internas y amenazas veladas marcaron un antes y un después.
Conclusión interna:
Estados Unidos descubrió que no todos los jugadores compiten en igualdad de condiciones.
Esto provocó:
- Malestar en el vestuario
- Pérdida de autoridad del seleccionador
- Sensación de jugador protegido por apellido
Vestuario dividido y silencio obligado
Desde entonces, nadie habla públicamente, pero el daño está hecho.
Jugadores veteranos y jóvenes coinciden en privado en una idea clave: “Si a Reyna no se le puede tocar, el problema no es Reyna: es la federación”.



