El Mundial 2026 pasará a la historia como el torneo más ambicioso jamás organizado por la FIFA. Pero también amenaza con convertirse en el más caótico desde el punto de vista logístico. Por primera vez, tres países distintos —Estados Unidos, Canadá y México— compartirán la organización, una decisión vendida como símbolo de cooperación internacional que, en la práctica, abre la puerta a desigualdades deportivas, problemas de desplazamiento y una experiencia fragmentada para selecciones y aficionados.

Un Mundial sin sede clara ni identidad única
A diferencia de ediciones anteriores, el Mundial 2026 no tendrá un centro neurálgico. Las sedes se reparten por miles de kilómetros, desde Vancouver hasta Ciudad de México, pasando por decenas de ciudades estadounidenses. Esta dispersión geográfica rompe con uno de los pilares clásicos del torneo: la concentración competitiva y ambiental.
Cada selección podría verse obligada a recorrer miles de kilómetros entre partido y partido, con cambios constantes de clima, husos horarios y condiciones de juego. Un escenario que beneficia más a la logística comercial que al equilibrio deportivo.
Desplazamientos interminables y desgaste físico
Uno de los mayores temores de cuerpos técnicos y preparadores físicos es el impacto real de los viajes. No es lo mismo jugar un Mundial en un país compacto que hacerlo en un continente.
- Vuelos de más de 4 o 5 horas entre sedes
- Cambios de altitud y temperatura
- Menor tiempo de recuperación entre partidos
Todo esto incrementa el riesgo de lesiones, fatiga acumulada y bajadas de rendimiento, especialmente en selecciones con menos recursos para logística privada.
Tres países, tres sistemas… y un solo torneo
Otro problema evidente es la falta de homogeneidad legal y administrativa. Estados Unidos, Canadá y México tienen:
- Legislaciones distintas
- Controles migratorios diferentes
- Normativas fiscales y laborales no unificadas
Esto afecta directamente a:
- Selecciones y staff técnico
- Periodistas y equipos de retransmisión
- Aficionados que sigan a su selección
La experiencia del hincha se convierte en una carrera de obstáculos burocráticos, con visados, controles fronterizos y requisitos cambiantes.
México, el eslabón más débil
México hará historia al albergar partidos de su tercer Mundial, pero también es el país que genera más dudas:
- Estadios con necesidad de reformas
- Problemas de seguridad en determinadas zonas
- Infraestructuras bajo presión
Mientras Estados Unidos aporta músculo económico y Canadá estabilidad organizativa, México asume el riesgo de ser señalado como el punto frágil del torneo.
¿Igualdad competitiva o ventajas encubiertas?
La FIFA ha intentado minimizar la polémica asegurando una distribución “justa” de sedes. Sin embargo, el debate está abierto:
¿todas las selecciones competirán en igualdad de condiciones?
Algunas jugarán la mayoría de sus partidos en un solo país; otras deberán cruzar fronteras constantemente. En un torneo tan exigente, estos detalles marcan la diferencia entre avanzar o caer eliminado.
Un Mundial pensado para el negocio, no para el fútbol
La decisión de repartir el torneo responde, en gran parte, a intereses económicos:
- Maximizar ingresos en el mercado estadounidense
- Aumentar patrocinadores y audiencias
- Explotar la marca FIFA a escala continental
El fútbol, una vez más, queda en segundo plano frente al macroevento comercial.
¿Éxito organizativo o advertencia para el futuro?
Si el Mundial 2026 fracasa en lo logístico, sentará un precedente peligroso. La pregunta que muchos se hacen es clara:
¿está la FIFA sacrificando la esencia del Mundial en nombre del negocio y la grandilocuencia?
Tres países, demasiadas sedes y un torneo que corre el riesgo de perder su alma en medio del mapa



