
La moda masculina atraviesa una crisis de identidad profunda. La elegancia, entendida como respeto por uno mismo y por el entorno, ha sido sustituida por la comodidad perpetua y la estética descuidada.
Del vestir al dejarse estar
El traje, la camisa y el zapato fueron símbolos de orden, responsabilidad y presencia. Hoy, se presentan como algo anticuado o incluso opresivo.
Una industria sin referentes
La moda ha eliminado modelos aspiracionales masculinos. Todo se reduce a sudaderas, zapatillas y siluetas informes que infantilizan al hombre adulto.
Vestir mal como norma
Lo preocupante no es la informalidad, sino que se haya convertido en obligatoria. Vestir bien empieza a verse como exceso.



