martes, febrero 3, 2026
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Nuevos radares de ruido: La DGT ataca la libertad de los conductores

Nuevos radares de ruido: La DGT ataca la libertad de los conductores

Un golpe más contra el usuario del vehículo privado

Las autoridades públicas han intensificado su intervencionismo sobre el uso del vehículo privado. Con el pretexto de la contaminación y la seguridad vial, los conductores deben enfrentarse a un creciente torrente de regulaciones que amenazan su libertad personal. El objetivo no es solo reducir el tráfico, sino también incrementar la recaudación a través de sanciones exorbitantes.

La DGT y su campaña contra el tráfico

El director de la DGT, Pere Navarro, ha dejado claro su postura: «el futuro del tráfico será compartido o no será». Este enfoque radical se refleja en medidas como la zona de bajas emisiones en ciudades donde el tráfico es mínimo, como Soria. Ahora, con la llegada de los radares de ruido, se intensifica la guerra contra el automóvil.

Un sistema que perjudica a los conductores

Según Pyramid Consulting, ya hay una docena de estos dispositivos en funcionamiento en España. Ciudades como Madrid y Barcelona han sido pioneras en su implementación, justificada en la lucha contra la contaminación acústica. Las multas pueden ascender hasta 3 000 euros por infracciones tan diversas como tener un tubo de escape trucado, música a un volumen excesivo o incluso el uso injustificado del claxon.

Recaudación encubierta

La intención recaudatoria es evidente. Las autoridades pretenden utilizar estos radares como herramientas para sancionar comportamientos cotidianos. Las multas por contaminación acústica varían, oscilando entre 750 y 3 000 euros. Desde Pyramid advierten que es posible recurrir estas sanciones, especialmente si hay dudas sobre la correcta identificación del vehículo infractor.

Un debate jurídico en auge

La aparición de los radares de ruido ha generado un gran debate en el ámbito jurídico y entre los conductores. La precisión técnica de estos dispositivos es cuestionable, lo que podría abrir la puerta a impugnaciones legales. Los radares solo miden decibelios, pero no aseguran que el sonido provenga de un vehículo en particular, complicando la identificación del infractor.

Conclusiones

Los radares de ruido se presentan como un nuevo frente en la ya saturada guerra contra el uso del automóvil privado. En un contexto donde la libertad individual es constantemente menoscabada por el intervencionismo estatal, los conductores deben permanecer alertas y ser conscientes de sus derechos ante este régimen sancionador.

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