
Corea del Sur: Kim Keon-hee, 1 año y 8 meses por sobornos
Condena por corrupción y multa de 7 500 euros tras el caso ‘secta Moon’
Un tribunal de Corea del Sur ha condenado este miércoles a la ex primera dama Kim Keon-hee a 1 año y 8 meses de prisión por corrupción, tras declararla culpable de aceptar sobornos vinculados a la Iglesia de la Unificación (conocida como la ‘secta Moon’). La sentencia incluye una multa de 7 500 euros.
El fallo llega días después de que su marido, el expresidente Yoon Suk-yeol, fuera condenado a cinco años de cárcel en el primer fallo relacionado con su intento de imponer la ley marcial en diciembre de 2024. La imagen que proyecta Seúl es la de una élite política cercada por los tribunales, con una crisis institucional que trasciende el mero titular.
Qué ha probado el tribunal y qué no
Según el fallo del Tribunal del Distrito Central de Seúl, Kim fue sentenciada por aceptar en 2022 regalos de lujo de un chamán y de miembros de la Iglesia de la Unificación a cambio de favores para la organización. La Fiscalía, sin embargo, había pedido 15 años de prisión y una multa de más de un millón de euros, lo que evidencia la distancia entre la acusación y la condena efectiva.
La ex primera dama ha sido absuelta del cargo de financiación política irregular y también de la supuesta manipulación de acciones de Deutsch Motors (distribuidor local de BMW) entre 2010 y 2012.
Más causas: el poder en la sombra y la influencia internacional
Kim, en prisión preventiva desde agosto, se enfrenta además a otros dos procesos: uno por su presunta implicación en el reclutamiento masivo de miembros de la Iglesia de la Unificación para afiliarse al entonces gobernante Partido del Poder Popular (PPP), y otro por supuestamente aceptar regalos de lujo a cambio de favores laborales en el Gobierno.
También afrontan procesos judiciales la líder de la organización, Han Hak-ja, y el exjefe de la sede global de la iglesia, Yun Yeong-ho. La Iglesia es conocida por sus bodas multitudinarias y por su influencia política y económica internacional, un elemento que vuelve a poner sobre la mesa un debate incómodo: hasta qué punto determinadas redes —religiosas, ideológicas o de presión— pueden intentar comprar acceso al poder en democracias avanzadas.
ANÁLISIS CRÍTICO
El caso combina tres ingredientes explosivos: élite política, lobbies con proyección internacional y un ecosistema donde la frontera entre ‘regalo’ y soborno se vuelve deliberadamente borrosa. En Europa se habla sin parar de ‘calidad democrática’, pero cuando aparecen estructuras capaces de influir mediante favores y dinero —ya sea en Asia o en Occidente— la reacción suele ser selectiva, interesada o directamente tibia.
Corea del Sur expone aquí una lección que muchos gobiernos prefieren ignorar: si no se blindan las instituciones frente a la captura por grupos organizados, el ciudadano paga la factura. Y cuando el escándalo alcanza al entorno directo de un expresidente, ya no es solo una cuestión penal: es una batalla por la legitimidad del sistema.



