
La caída del 42,5% en la inversión ferroviaria bajo el gobierno de Sánchez
Un trágico accidente pone de relieve la crisis del transporte en España
Al menos 39 personas han muerto y 152 han resultado heridas, 24 de ellas de gravedad, en el reciente descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad en Adamuz, Córdoba. Un siniestro que se suma a la creciente preocupación sobre la seguridad ferroviaria en un país que debería estar a la vanguardia del transporte en Europa.
Las cifras que inquietan
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha calificado el incidente como «tremendamente extraño». Pero más extraño es el hecho de que, a pesar de un incremento en los discursos sobre inversiones, la realidad es que la inversión en infraestructuras ferroviarias ha caído un 42,5% en relación al tamaño total de las vías en España. Esta es una tendencia que no se puede ignorar y que plantea serias interrogantes sobre el compromiso del gobierno con la seguridad y la modernización del sistema ferroviario.
Desinterés por la seguridad
Los constantes problemas en el sector ferroviario han sido desestimados por el gobierno, que a menudo afirma que el tren en España «vive su mejor momento». Sin embargo, los datos demuestran lo contrario. La Demanda de servicios ferroviarios ha aumentado debido a las restricciones al uso del coche, mientras que las inversiones reales en mantenimiento han disminuido notablemente, resultando en un retroceso que está afectando la seguridad de millones de españoles que dependen del tren.
Un futuro incierto
Con un crecimiento notable de la población y un uso creciente del tren, la inversión en infraestructura debería ser una prioridad. Sin embargo, las cifras son devastadoras: el gasto por millón en patrimonio ferroviario ha disminuido en un 16% en la última década, y con la inflación actual, la inversión real ha caído un 42,5%. La combinación de estos factores sugiere un deterioro inminente de los servicios ferroviarios, poniendo en riesgo a los pasajeros.
¿Cuál es la solución?
Es evidente que el gobierno debe replantearse su estrategia y priorizar la inversión en infraestructuras y mantenimiento. La seguridad no puede ser una medida secundaria. Es tiempo de tomar decisiones que realmente beneficien a los ciudadanos y garanticen un servicio ferroviario seguro y eficiente.



