Una orden ejecutiva que reconfigura el futuro del sector
Donald Trump ha lanzado una ofensiva regulatoria sobre la industria espacial comercial con una orden ejecutiva firmada el 13 de agosto de 2025. El presidente estadounidense ordenó al Departamento de Transporte (DOT) y a la Administración Federal de Aviación (FAA) eliminar regulaciones obsoletas, acelerar licencias de lanzamiento, simplificar evaluaciones ambientales y facilitar la construcción de nuevos puertos espaciales.
El objetivo declarado es claro: impulsar la competitividad de las empresas espaciales estadounidenses, reducir retrasos burocráticos y otorgar un marco legal para “actividades espaciales novedosas” como la fabricación en órbita o el reabastecimiento de satélites.
Empresas favorecidas: SpaceX, Blue Origin y las emergentes
La decisión fue recibida con entusiasmo por la Federación del Espacio Comercial, integrada por compañías como SpaceX, Blue Origin, Rocket Lab y nuevas firmas como Varda Space Industries y Orbit Fab. Todas ellas podrían beneficiarse de procesos de permisos más rápidos y de un marco de licencias para tecnologías innovadoras.
Los operadores de puertos espaciales con apoyo estatal, como Space Florida, también ven en la medida una vía para agilizar la expansión de infraestructuras que podrían consolidar a Estados Unidos como líder mundial del sector.
El debate ambiental: la gran fricción
No todos celebran el cambio. El Centro para la Diversidad Biológica (CBD) acusó a la Casa Blanca de “arrodillarse ante corporaciones poderosas” al permitir que se reduzcan los controles ambientales. Según el grupo, las evaluaciones actuales ya son insuficientes y eliminar más requisitos podría traer graves riesgos ecológicos.
SpaceX, en contraste, ha sido una de las compañías más críticas con las trabas ambientales, alegando que han retrasado el programa Starship en Texas y limitan la velocidad de pruebas.
Un futuro en disputa
La orden ejecutiva también incluyó la destitución de todos los miembros del Comité Asesor de Transporte Espacial Comercial (COMSTAC), lo que abre una nueva etapa en la relación entre gobierno e industria. No obstante, expertos advierten que los desafíos legales que podrían surgir contra la orden retrasarían su aplicación completa.
Trump apuesta por un modelo desregulado y favorable a la inversión privada, pero el debate entre innovación y sostenibilidad ambiental marcará el rumbo de la próxima década en el espacio comercial estadounidense.



