
Transferencias a Euskadi: 5 competencias y choque con Sánchez
Cinco cesiones más al Gobierno Vasco tras un pulso político
El Gobierno de Pedro Sánchez y el Ejecutivo vasco han cerrado este viernes el traspaso de cinco competencias a Euskadi: prestaciones de desempleo, prestaciones no contributivas de la Seguridad Social, Salvamento Marítimo, Seguro Escolar y el Centro de Verificación de Maquinaria de Barakaldo (Bizkaia). El pacto llega tras horas de incertidumbre y con el acuerdo literalmente en el aire por discrepancias entre ambas partes.
Tras la firma, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, vendió el resultado como un final feliz: la negociación, dijo, ha llegado a ‘buen puerto’ y la norma en la gestión pública deben ser los acuerdos. Admitió, eso sí, que ‘ha habido dificultades’.
Torres también aseguró que todavía quedan pendientes ‘en torno a una quincena‘ de transferencias y defendió que el Ejecutivo ‘cumple lo que firma’, con el objetivo de ‘avanzar en el autogobierno’ dentro de la Constitución y los Estatutos. Para rebajar el ruido político, restó importancia a la demora y prometió seguir ‘dialogando’ para cerrar los siguientes traspasos ‘de común acuerdo’.
Financiación, cupo y negociación al límite
La letra pequeña vuelve a estar en la financiación. Según Torres, hay traspasos en los que hace falta transferencia directa, como en Salvamento Marítimo, y otros que se encajarían mediante ‘utilización del cupo‘ o ‘fórmulas mixtas’. En cualquier caso, el ministro sostuvo que son mecanismos reglados y pactados entre ambas haciendas.
El acuerdo, sin embargo, no se fraguó en un clima de normalidad institucional, sino tras varias conversaciones del lehendakari Imanol Pradales y altos cargos vascos con ministros e incluso con el propio presidente Sánchez. La tensión política salpicó además a los socios del Gobierno vasco: PNV y PSE.
Pradales carga contra la ‘demora’ y anuncia ‘reválida’
Pradales criticó que la reunión llega tarde, después de un camino ‘plagado de obstáculos y resistencias políticas y administrativas’. Reconoció que han vuelto a salvar la convocatoria ‘en el último minuto’ y avisó de que no se puede ‘seguir así’. Para el lehendakari, la siguiente fase de negociación será una ‘reválida’ para medir la voluntad real del Gobierno de España y de Sánchez.
En su discurso, Pradales elevó el tono al advertir de que los vascos no permitirán que se ‘pervierta’ el elemento normativo original del Estatuto de Gernika, defendiendo su ‘espíritu y letra’ como un pacto político ‘entre iguales’ que no debe ser moneda de cambio ni instrumento de supervivencia política.
PNV y PSE: amenazas cruzadas y presión al Gobierno
El choque ya había escalado en los días previos. El presidente del PNV, Aitor Esteban, advirtió que si el Ejecutivo de Sánchez no cumplía con lo ‘firmado y acordado’, las relaciones y la actitud de su partido ‘evidentemente van a cambiar’.
La respuesta del líder del PSE, Eneko Andueza, fue igual de contundente: si el PNV tomaba esa vía, ‘la confianza se quebraría’, abriendo un ‘nuevo escenario’ en España y también en Euskadi, obligando a los socialistas vascos a reevaluar su relación con el PNV.
Análisis: el Estado como moneda de negociación permanente
El fondo del asunto no es solo administrativo: el Gobierno vende concordia mientras el propio lehendakari denuncia obstáculos, retrasos y negociaciones al límite. En la práctica, el pacto refuerza la sensación de que cada transferencia se convierte en un capítulo más de una negociación política constante, donde el Ejecutivo central busca estabilidad parlamentaria y los nacionalistas vascos aprietan para avanzar competencias pendientes.
Con ‘en torno a una quincena‘ de materias aún por traspasar, el conflicto no se cierra: se aplaza. Y el mensaje de Pradales —’reválida’— apunta a que la presión continuará, con el Estatuto de Gernika como bandera y la financiación como campo de batalla.



