Ya van seis detenidos por los altercados: cinco españoles y un magrebí. El Gobierno pide calma, pero los vecinos exigen seguridad.
La localidad murciana de Torre Pacheco ha vivido su tercera noche consecutiva de tensión y disturbios tras la brutal agresión sufrida por un vecino de 68 años, presuntamente a manos de un grupo de jóvenes de origen magrebí. La crispación vecinal ha estallado en protestas que han derivado en enfrentamientos con las fuerzas del orden.
Balance policial: seis detenidos
El Ministerio del Interior ha confirmado la detención de seis personas por los disturbios: cinco de nacionalidad española y un magrebí. Además, dos jóvenes han sido arrestados por su presunta participación directa en la agresión al anciano, suceso que ha encendido la mecha de la revuelta.
De los detenidos este domingo, tres fueron arrestados por atacar a un menor marroquí y por causar daños al equipo de un periodista. Otros dos fueron interceptados en actitud sospechosa, portando cascos de bicicleta sin justificación. El despliegue policial, reforzado con unidades especiales como el GRS y la USECIC, continúa en las calles.
El alcalde pide calma… y quedarse en casa
El alcalde Pedro Ángel Roca ha llamado a la calma y ha pedido expresamente a los vecinos —y en particular al colectivo inmigrante— que “permanezcan en sus casas” para evitar más violencia. Ha advertido también que no se necesita la llegada de “personas de fuera” a agravar la situación: “Esto lo resolveremos los pachequeros con la ayuda de las fuerzas de seguridad.”
Lanzamiento de objetos y controles policiales
Durante la madrugada, en zonas con alta presencia de población inmigrante, se registraron lanzamientos de objetos contra los agentes, aunque el operativo policial logró contener los enfrentamientos sin heridos graves. Algunos grupos fueron interceptados y obligados a abandonar la localidad tras ser considerados potencialmente conflictivos.
¿Delito común o síntoma de algo más profundo?
Todo comenzó el miércoles pasado, cuando un hombre de 68 años fue brutalmente agredido. Según su declaración, los autores serían jóvenes magrebíes. La agresión no solo dejó heridas físicas, sino que desató una reacción social que lleva días extendiéndose en forma de disturbios, vigilias improvisadas y un clamor creciente: “¡Queremos seguridad en nuestras calles!”
Mientras el Gobierno llama a la calma y se esfuerza por sofocar el conflicto bajo el paraguas de la “convivencia”, muchos ciudadanos se preguntan:
¿Estamos ante un caso aislado, o frente a un modelo de integración que hace aguas por todas partes?



